17 de abril de 2018

Mamá corporativa


Este es un listado de cosas que aprendí siendo mamá con trabajo corporativo durante casi tres años. No pretende ser la biblia de las working moms, sino una serie de experiencias de la vida real, por si le sirven a alguien. Allá vamos:

1. Desde el momento en que supe que estaba embarazada, las prioridades de mi vida quedaron más claras que nunca. No hubo mucho que pensarle.


2. Trabajar sentada 8, 9 ó 10 horas al día cuando estas embarazada no ayuda con la hinchazón de pies, el aumento de peso, el dolor de cintura y la presión en la vejiga. Es súper importante contrarrestar el sedentarismo. (Yo no lo hice y pues... me eché 14 kilitos y traía pies de tamal).

3. A partir del segundo en que tuve en mis brazos a Julia, no dejé de cuestionarme si era mejor quedarme en casa con esa bebé que amaba más que a mi vida o regresar al trabajo que tantas satisfacciones me daba... No todas tenemos la fortuna de poder quedarnos con nuestro bebé de tiempo completo. Pero no es el fin del mundo, aprendí a ser feliz así. Me sentí productiva y me divertí mucho, aunque siempre pensaba si había tomado la decisión correcta.

4. Y hablando de eso, la primera vez que dejé a mi hija en la guardería, sentí que me sacaban el corazón a sangre fría. Pero rápidamente empecé a verla sana, contenta, adaptada, sociable, avanzando mucho en su desarrollo... La verdad, fue peor para mí que para ella. Julia siempre fue, y sigue siendo, una niña muy feliz.

5. Aunque la escuelita es lo máximo y de verdad creo que es la mejor alternativa cuando mamá trabaja, NECESITAS una red de apoyo. Me hubiera sido imposible sin la colaboración de mi esposo y de los abuelos en momentos de enfermedad, viajes o eventos. Aprovecho esta oportunidad para darles gracias a todos de nuevo. ¡Son los mejores!

6. Y ya que menciono enfermedades, los bebés de guardería te contagian los bichos más infames. En un año tuve más gripas, faringitis y conjuntivitis de las que he tenido en toda mi vida. Me acostumbré a ir a trabajar en perpetuo estado de resfriado, porque nadie (empezando por el IMSS) te va a pasar que tienes gripa, oootra vez. Pero hay luz al final de túnel. Pasado el año, Julia no se enferma de casi nada (ni yo).

7. Descubrí una capacidad multitask en mí que sinceramente no conocía. Me volví más proactiva y organizada. Saqué energía quien sabe de dónde para salir del trabajo y arrancar el segundo turno, que demanda mucho más que el primero, porque este de verdad no tiene hora de salida. “Estoy cansada” adquirió una nueva dimensión.

8. Pero por más orgranizada que fui, me quedé con ganas de hacer cosas porque la vida, la energía o el esquema Godín no me daba. Clases de ballet para la niña, más ratos de parque con los perrhijos... Tuve que aprender a lidiar con esas frustraciones.

9. A veces necesitas sacudidas de la vida para darte cuenta de que hay otras alternativas laborales, o para animarte a experimentarlas. Por miedo, por comodidad o por costumbre, yo no tomé la decisión de dejar de ser mamá corporativa. Pero así lo decidieron, sucedió y ha sido una de las mejores cosas que me han pasado. Sí hay otros caminos. Aquí estoy en uno que me permite escribir esto, después de haber tenido una mañana de trabajo productiva, divertida y retante, mientras veo a mi hija tomar su clase de natación. 

10. En mi carrera profesional corporativa, tuve la suerte de trabajar siempre en las mejores empresas de los diferentes ramos en que he colaborado. Trasnacionales exitosas, con equipos de gente brillante, compañeros junto a los que me desarrollé y de quienes aprendí mucho. Empresas que han sido grandes escuelas y fuentes de inspiración y crecimiento, no sólo profesional. Les agradezco de corazón las vivencias, las experiencias y el aprendizaje. Que gran aventura ha sido, pero este es el momento de abrir mis alas para seguir fortaleciendo las de mi hija, ahora más cerca de ella, de mi esposo y mis perrhijos. Así que, como dije alguna vez, a batear como viene la pitchada... y a volar.


8 de marzo de 2018

El Paquenoteaterres de volar

Ya les había contado que me da miedo volar en avión, específicamente el momento del despegue. Es una fobia terrible, que me cae mal y que trato de combatir de muchas formas, sobre todo viajando y no sucumbiendo al “no voy porque hay que ir en avión”. Pueden leer sobre esta triste historia y sobre mi mantra “Soy una nube” aquí. 

El año pasado, en un viaje de 4 horas, descubrí en la típica revista del avión que estaba a la venta un kit para colorear: libro de estampas mexicanas, colores y hasta sacapuntas. Habiendo probado leer, escribir, chismear, escuchar podcast, psicofármacos (recetados, obvio) y hasta la copita y que nada realmente aliviara el problema, decidí que con intentar esta técnica tranquilizante no perdía nada. 





Quiero decirles que sí funciona. Colorear es una actividad relajante, calma los nervios, regula la respiración y se reduce el estrés, y mejoran la atención y la memoria. Los libros para colorear encontraron, de un par de años para acá, un espacio en los anaqueles de las librerías y las tiendas, seguramente porque los adultos estamos estresados, enfermos de prisa e impaciencia y aburridos, y estos libros combaten todas esas cosas de una manera sencilla. 

No estoy diciendo que mágicamente ahora puedo despegar, volar y aterrizar sin que se me mueva una pestaña, porque pues no, pero si es considerable la diferencia que siento, más que nada en la taquicardia. 

Mi Paquenoteaterres de volar ganador es podcast de mi súper interés (abajo dejo la lista de los que escucho) más libro para colorear. En un principio, mi kit de avión traía sólo 10 colores. Mi recomendación es que agranden su paquete con tantos lápices como puedan. Mientras más colores, más combinaciones y por lo tanto, más concentración y creatividad para hacer las láminas y menos pensamientos fatídicos y funestos.

Pues esta es mi humilde aportación para quienes, como yo, tienen miedo a volar y viven también buscando remedios para disfrutar más sus viajes. He descubierto que somos muchos los valientes, un abrazo a todos. Espero que esto les funcione. 

Ahí les va mi lista de podcasts consentidos, todos bien calados. Algunos son más serios o educativos, otros son solamente de cotorreo, eso sí, todos son muy entretenidos:


Mándarax 
4 con todo
El Hyp3
Historia deconstruida
Negocios entre pañales
Gastronomicast
Nu3
Supracortical

Y también les dejo la canción del post. ¡Nos leemos pronto!



27 de septiembre de 2017

Catarsis




Escribo esto a manera de catarsis, aunque tal vez no lo lean y lo entiendo. Hemos estado tan expuestos y tan sobre informados que ahora algunos evadimos, o cuando menos lo intentamos. Si lo leen, muchas gracias.

Escribo porque me siento rebasada. Porque siento que si no lo saco se me siguen apretando los nudos que traigo en la panza y en el corazón desde ese día en que supimos que las probabilidades a esta madre naturaleza poco le importan.

Me siento útil e inútil, las dos al mismo tiempo. Prestas ayuda como una máquina desde tu trinchera. No quieres dormir, no quieres parar, no puedes llorar aunque tengas ganas. ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué hay que hacer para sentir que ayudaste? Tuve ganas de ser topo o ingeniera, o doctora o abogada o Superman, pero soy comunicóloga, qué se la hace. Tengo que ayudar en lo que puedo y entender que ese es el papel que me toca. 

Hay personas que ponen distancia, que separan. Está bien, todos procesamos diferente. Yo soy más bien como una esponja. Necesito saber qué está pasando. Si no lo sé me siento fuera del mundo. Creo que hasta me da más ansiedad no saber que enterarme. Pero esta vez la información es terrible y cercana. Pegó en casa y es imposible evitarla. Quizá debo aprender a que me importe pero no me duela.

Me siento fuera de mi cuerpo, aquí y allá, en todos lados. O tal vez en ninguno, porque mi cabeza no completa dos ideas sin alucinar la alerta sísimica o sentir que se mueve el piso o recordar cómo sonaba el edificio donde me encontraba, con ruidos terriblemente diferentes a los de todos los días.

Me siento vulnerable, creo que todos nos sentimos. Pequeñas migajas sobre una servilleta. ¿Y qué puedes hacer? Nada. Tomar algunas precauciones, reaccionar rápido, estar preparado. Pedirle a Dios o a quién tú creas que proteja tu vida y las de los tuyos. Y esperar a que pase el movimiento. Esperar eternos minutos.

Me siento asfixiada. Desde el 19 de septiembre respiro corto, no me entra el aire. Supongo que será temporal y que cuando menos me dé cuenta habrá pasado. ¿Cómo le hicieron hace 32 años? ¿Cuándo sintieron que la vida era "normal"?

Me siento con ganas de llorar y no puedo. La verdad no tengo culpa por estar viva. Estoy feliz de estar viva y de que todos los míos lo estén. Pero el llanto se me atora en la garganta. A mí, la lágrima pronta... Tal vez porque siento que si lloro no voy a parar. Porque sé que el mundo es más grande que solo mi pequeño círculo y me duele lo que está pasando. Porque lloro y mi hija me ve con desconcierto y no quiero que se espante. Así es esto: su mamá a veces se pone triste y llora y en esta casa está bien llorar porque estas triste o enojado, pero antes que nada esa niña se tiene que sentir segura y yo tengo miedo.

Me siento adormilada pero no duermo. Miro el techo pensando en si mis tennis están a la mano. Si tengo las correas de los perros preparadas. Si el celular tiene pila suficiente. Si puedo cargar a mi hija y bajar 3 pisos corriendo. Si no será que me duermo y no escucho la alerta sísmica... Y estoy en eso cuando de pronto hay un ruido: "¡¿qué es eso?!" Es el sueño que se va a tardar en llegar otro ratito. 

Ya nada puede ni debe ser como antes y me siento ansiosa porque no quiero que la gente olvide. El año que entra es importante para nuestro país. Por favor, que la gente no olvide. Que nadie olvide pronto.

Me siento orgullosa de estas personas que me rodean. De los que corren sin dudar hacia el peligro porque pueden salvar una vida. De los que se desprenden de todo porque el otro se quedó sin nada. Estoy esperanzada, cosa no muy habitual por estos días. Me siento muy triste pero conmovida.

Me siento impaciente porque quiero que pase el tiempo y que se afiance, de forma definitiva, esta nueva vida que tenemos. Solidaria, empática, humilde, organizada. Con eso, mi familia, menos miedo y unas horas más de sueño, podría decir que basta y sobra.



1 de septiembre de 2017

Soy esposa de un emprendedor



Sobre emprendimiento y emprendedores hay mil cosas escritas. Hay manuales, biografías, casos de éxito y fracaso. Hay un millón de metodologías que se pueden seguir para arrancar eso que es un sueño en la mente de los empresarios en potencia. Pero nunca he visto un texto sobre nosotros, los compañeros de los emprendedores. Las parejas que atestiguamos la aventura de arrancar un negocio y que la vivimos como un sistema de soporte.

No es fácil. Es emocionante, da miedo, a veces te desesperas pero también te llenas de orgullo. Aprendes muchas lecciones, conoces a tu pareja y, si son fuertes juntos, sentirán que ese negocio es como otro bebé de la familia.

Como esposa de un emprendedor he aprendido que hay altas y bajas. Los disparos de adrenalina son fuertes para los empresarios, pero también para ti que estás al lado. Hay picos eufóricos cuando se cierran los primeros clientes, cuando abren oficinas, cuando cae un proyecto increíble. Y luego hay bajadas (inevitables) cuando el cliente ni era tan bueno, o debes recortar la oficina o el proyecto increíble se vuelve un Frankenstein del que ya mejor hay que deshacerse. Y de todo quedan lecciones.

He aprendido a ser un apoyo, a escuchar lo que pasa y mantenerme centrada y dar opiniones cuando son necesarias o cuando creo que colaboran con la situación. Yo sé que el esposo trae mil cosas en la cabeza, de nada sirve rellenarlo con mil opiniones más. Trato de ser mesurada porque, como ya hemos hablado, soy de mecha corta y a veces me ganan las pasiones y exploto, o al contrario, juro que esta es la montaña que nos faltaba conquistar para ser los próximos Bill y Melinda Gates y pues, no es así. Intento constantemente ser objetiva, escuchar lo que me cuenta y dar opiniones imparciales.

Cuando el esposo me planteó su salida del mundo Godínez y su entrada al emprendimiento yo vi todo muy brillante. Supuse que tendría más horas esposo en la casa, menos viajes de trabajo, más vacaciones… ERROR. Sí tuve más horas esposo en la casa, pero todas trabajando. Días y días, fines de semana incluidos, 24/7 pegado a la máquina sacando trabajo mientras yo rondo por la casa haciendo de todo, incluyendo opinar del nuevo logo, de la presentación para el pitch, del formato de la tarjeta de presentación...

Los horarios son un tema cuando tienes pareja emprendedora, porque con conocimiento de causa puedo decir que tu significant other será un ente presente, pero su mente estará resolviendo problemas, creando cosas, cerrando clientes, armando presentaciones, pensando en la facturación y otro sin fin de tareas que conlleva tener un negocio propio. A veces vas a sentir que hablaste con la pared porque ya dijiste cosas que tienes que repetir varias veces. Se paciente. Trata de entender, como yo lo hago, que los emprendedores traen la cabeza llena de temas, entre ellos el bienestar de las familias de sus empleados, situación que también depende del éxito del negocio.

Pero hay un lado bueno. Te vuelves super independiente. Yo he aprendido que tengo la capacidad de resolver mil situaciones sola, sin necesidad de ayuda, porque opto por no saturar al esposo que anda al tope. No quiere decir que él no ayude ya para nada o que no le importe lo que pasa alrededor. Quiere decir que selecciono bien las actividades que puedo hacer sola y para las que necesito su participación o ayuda. Somos un equipo no un muégano y eso jamás me ha quedado tan claro como en estos años de emprendimiento.

Otra lección: hay que aguantar vara con la frustración. La propia y la ajena. Emprender es una carrera de resistencia, es un maratón, y seguramente no todo saldrá al primer intento. Habrá días tristes. Habrá malos humores. Habrá corajes. Es muy complicado lidiar con la frustración de ver ideas o proyectos ir y venir… Así es esto. Ojalá hubiera una receta para el triunfo garantizado, pero no la hay. Como dije, hay que apechugar porque la pareja emprendedora necesita sentir que hay un puerto seguro después de los problemas y ese puerto seguro eres tú. Apóyense en su relación, en el amor. Háblale, cuando estén listos, de todo lo bueno que hubo en ese proyecto y de las oportunidades que ves. Construye, no destruyas. Hazle sentir que dentro de él o ella está todo el potencial y anímalo/a a encontrar lo que falte para que el próximo paso sea el bueno.

Lo que más me quedo de estos años de acompañar a un emprendedor es un orgullo enorme. Han sido años difíciles y divertidos, de retos, de altibajos, de horarios matados… El esposo sabe, porque se lo he dicho, que verlo convertir sueños e ideas en realidades, atestiguar cómo va alcanzando sus metas y compartir la vida con él, viéndolo convertirse en el hombre y empresario que es hoy, hace que todos los sacrificios valgan la pena. Todo ha construido la familia que hoy somos. 

Mi amor: estoy muy orgullosa de ti. Gracias por tu entrega y tu pasión. ¡Te amamos al infinito!




24 de octubre de 2016

La buena educación



De los temas sobre la crianza de Julia, últimamente he pensado mucho en la “buena educación” y los modales y en qué lugar de mi lista están.

Me explico.

El mundo es un lugar muy demandante, especialmente para las mujeres. No me voy a poner feminazi (que horror), pero es un hecho indiscutible que, desde muy jóvenes, las mujeres enfrentan retos extra en nuestra sociedad –no se diga en otras más radicales-. Y pues, estando como están las cosas, creo que me preocupan mucho más otros aspectos de la crianza de mi hija: su autoestima, su resiliencia, su asertividad, que cultive su espíritu, que sepa que forma parte del mundo y que, aunque ella es el centro de mi vida, no será (ni debe ser) el centro de la vida de otros.

Julia no se ha ganado el apodo de Huracán Vargas de a gratis. Dice mi amiga Liz que es una bebé Border Collie, y pues sí, es cierto. Es una bebé muy sociable, cariñosa y activa, y ha demostrado tener también un carácter jijo. Sé que es chiquita, pero se está acercando a los famosos terribles dos y es inevitable comenzar a cuestionarte más sobre qué tipo de disciplina quieres manejar.

Mi idea, y la de su papá, no es domar el carácter de Julia. No queremos, por sobre otras cosas, que sea modosita o bien portada. Nuestra idea es entenderla y encaminarla. Es difícil, porque tampoco quiero que crezca como una plantita salvaje, pero quiero que tenga claro desde ya que así como es, es perfecta y la amamos. Tendremos que encontrar la forma de respetar su personalidad y hacerla un ser sociable y no una pelangocha en potencia: #LadyHuracánVargas.

Entonces, me interesan más otros temas. Quiero que crezca teniendo claro que es importante decir NO claramente cuando no esté de acuerdo con algo, cuando no quiera ir a algún lado, cuando le ofrezca cosas que puedan hacerle daño... Que no le importe que la vean mal o que piensen que es grosera. Quiero que sea asertiva. Prefiero mil veces que pase por una chica ruda a que acepte lo que sea por quedar bien.

Espero inculcarle la seguridad de que cualquiera podrá fijarse en ella, pero lo importante es lo que ella elija; que sus estándares sean altos, que no se conforme. Que se evite las penas del corazón innecesarias. Es muy probable que le tocarán decepciones (como a todos), pero es mejor sufrir de amores por alguien que valga la pena que por cualquier equis genérico, la verdad.

Y hablando de decepciones, quiero que sepa resistir, aprender y levantarse. Que entienda que de todo lo que le suceda, puede quedarle un aprendizaje. Que sepa pedir ayuda si la necesita. Que tenga herramientas para  no sentirse sola o sin esperanza. Y que yo le voy a creer, la voy a apoyar y la voy a acompañar siempre.

Que gran responsabilidad es criar un ser humano. Más cuando, como otro ser humano, tienes errores, dudas y arrastras tus propios temas. Pero es necesario tener claro, lo antes posible, qué es prioritario para ti en tus hijos y trabajar sobre eso. Como siempre, intento guiar a mi hija con la mejor de las intenciones y esperando estar haciendo lo correcto. E iluminando este largo camino siempre con amor. 

Los dejo con "What I Am", la canción del post (la amo, escúchenla bien) ¡y nos leemos pronto!