13 de abril de 2015

Monotema

Cuando supe que estaba embarazada le pedí a mi marido que no me dejara volverme "monotema". No quería ser esa típica panzona que sólo habla de bebé, bebé, bebé y temas relacionados. Bueno, pues hemos fracasado. Un poco porque todo mundo te pregunta sobre el bebé y acabas hablando de eso inevitablemente, otro poco porque, de verdad, los bebés llegan a modificar la vida desde el segundo 1 en que crecen en la panza, de forma que, efectivamente, todo gira en torno a ellos.

Y ahora que Julia ya llegó, las transformaciones y los ajustes están más rudos. La bebé se ha vuelto el centro de todas mis actividades, más porque estoy amamantando y eso hace que tenga que estar disponible y cerca de ella las 24 horas del día. No me pesa, porque además sé que esto es lo mejor para mi bebé, pero cuando quieres hacer pipí con urgencia y traes a la chamaca pegada, de verdad que no puedes evitar extrañar esas épocas doradas en que ibas al baño cuando se te daba la gana. O te metías a bañar, o comías...

Confieso que he llorado mucho estos días, por todas las razones posibles y sé que no soy la única mamá que ha pasado por esto. Lloré de emoción y felicidad, tomada de la mano de mi esposo, cuando escuchamos el llanto de Julia que anunciaba su llegada a este mundo. Lloré de ternura la primera vez que le canté a mi bebita una de las canciones que le ponía en la panza y ella se quedó tranquila, mirando mis ojos. Es de los momentos más bonitos de mi vida. Lloré de desesperación el primer día que mi hija lloró sin parar y yo no entendía qué tenía. El sentimiento de impotencia era una pesadilla porque, si yo no sé que tiene, yo que soy su mamá, ¿quién lo va a saber? (Ya después comprendí que tampoco tengo por qué saberlo todo. Soy mamá nueva y cada bebé es diferente. Incluso es diferente de si mismo de un día a otro).

No voy a mentir, ha habido un par de momentos en que pensé "no puedo". Creo que era el cansancio hablando (a veces me habla todavía). La realidad es que sí puedes. No sabes cómo lo haces, pero sigues y sigues. Aprendo cada día, observo a mi bebé y la voy conociendo más. Me apoyo en mi esposo para hacer equipo. Ajusté los horarios. Procuro hacerme resistente a la frustración de tener los trastes del desayuno sucios a las 2 de la tarde. Es mil veces más importante contemplar a Julia dormir. Ver cómo respira, cómo hace caritas, escuchar los soniditos que hace entre sueños. Y en las noches, ni siquiera me lo cuestiono. Obviamente tengo sueño, pero escucho a Julia y se enciende una alarma, brinco de la cama y vamonos: pañal, comida, palmaditas en la espalda, cambio de lado, palmaditas, revisar pañal y a dormir... Y muchos besos y apapachos para mi bebita en medio de todos esos pasos. Sí, es cansado. Sí, sueño con dormir de corrido, como antes, pero nada supera la risita de mi hija. Nada.

Entonces, sí. Es probable que sea un poco monotema por algún tiempo. Pero sucede que mi hija es mi tema favorito y, además, es un tema que tiene noticias nuevas y emocionantes todos los días. Y es lo más enriquecedor que me ha pasado... Porque, si alguna vez dudé sobre el objetivo de esta vida, todo quedó claro el día que nació Julia, con eso que sentí en mi cuerpo en el instante en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.


La canción del post es un hallazgo de mi mamá y nos encanta, nos pone de buenas y ya se nos pegó a todos: Ju Ju Julia de Enrique Guzmán.

¡Nos leemos pronto!

17 de febrero de 2015

Esperando...



Finalmente estoy descansando en casa, tomando mi licencia de maternidad para esperar la llegada de Julia... Aunque eso de descansar es un decir porque, por angas o mangas, hemos dejado un montón de pendientes para el último momento. Y por pendientes no me refiero a comprar el Capent o hacer la maleta. Por pendientes quiero decir que no hemos pintado la recámara. O sea, estoy hablando de BIG TIME pendientes. Pero bueno, ya todo está fluyendo y esta misma semana vienen a trabajar en su cuarto y todo irá quedando listo. (Por favorcito Julia, danos las semanitas que necesitamos).

En estos meses el tiempo ha sido una cosa muy extraña. Por un lado he sentido que vuela, por el otro que ha sido eterno. Entre citas del doctor, del Seguro Social, estudios, la vida normal en el trabajo y la casa, los Baby Shower, los regalitos, los perrhijos, que ya no duermes bien, que medio sientes cosas raras... Cuando me di cuenta, estoy a pocas semanas de que nazca Julia.

Así como soy de lágrima pronta, ya empecé a extrañar mi panza y todavía no se va. Ya empecé a reflexionar sobre todo lo que ha pasado y que al principio de mi embarazo, en la semana 5, me parecía lejanísimo, y que hoy son aprendizajes.

Por ejemplo, que es normal sentir pánico (y no sólo al principio). Finalmente, ahí viene en camino el mayor cambio que tendré en la vida, y tener miedo o ansiedad no me convierte en una mala mamá. Tal vez hasta sea mejor un poco de nervio, porque quiere decir que soy consciente de que vienen retos y no estoy en la baba. Así es que sí, a veces siento pánico, pero también he sentido tanto amor y emoción que estoy segura que todo estará bajo control. Inhalo y exhalo y para adelante.

Otro aprendizaje rudo que he tenido es intentar relajarme y tomarme todo lo que ha pasado por mi cuerpo y mente con calma, porque jamás había experimentado tantas sensaciones y miedos nuevos y desconocidos como en estas 37 semanas. Desde calambres y punzadas hasta pensamientos torturadores y fijaciones raras. Porque en un embarazo, y más en el primero, siempre hay una cosa nueva o extraña por la cual espantarse. Si no me hubiera tomado las cosas con calma (y confiara tanto en mi doctor), la hubiera pasado muy mal. Y eso que sí hubo un par de llamadas alocadas y visitas a urgencias, pero todo tranquilo. Aunque eso sí, prefiero que me digan "señora, cálmese y váyase a su casa". Empezando por el esposo, jajaja.

¡Ese es un punto importante, el esposo! Leí una frase que dice "No sabía cuánto amaba a tu papá hasta que supe cuánto te ama él a ti" y es 100% cierta. Además del amigo, el compañero y el cómplice, descubrir al papá ha sido maravilloso. Y estoy segura de que sólo es la punta del iceberg, porque los hombres viven los embarazos más como "la panzona de mi esposa" que como "el milagro creador de vida", y está bien, es normal. Pero estoy segura de que cuando conozca a Julia y la cargue por primera vez, habrá chispitas de amor incondicional. Ya desde ahora el esposo ha sido cariñoso, atento, cuidadoso. Ha estado al pendiente de las necesidades de la bebé y las mías. ¡Ha sido un gran compañero de panza y antojos! Y ya muero de ilusión de vivir cada día viendo crecer el lazo entre ellos y la relación profunda que sé que van a construir.

Pues ya casi se acaba la etapa de pancita y espera. Efectivamente, la recta final está pesada. Duele la espalda, te hinchas, no duermes tan bien… Es como si mi cuerpo no fuera mío porque se lo estoy prestando a Julia para que acabe de prepararse para llegar. ¡Y no hay problema! Nunca pensé sentirme tan contenta estando tan achacosa o incómoda. Jamás imaginé que iba a alcanzar esta circunferencia y que enfrente del espejo iba a verme tan redonda y vivir tanta emoción. Y está muy divertido encontrarle el lado bueno a caminar como un pingüino que carga una sandía...

Pero eso sí, jamás he caminado más feliz y orgullosa en mi vida.

 

(Una cancioncita para llorar sin control.)

8 de enero de 2015

Julia

Llegaste de sorpresa y contra todo pronóstico. No te voy a mentir, de entrada tuve mucho susto, tal vez porque, de verdad, ya no te esperábamos. Pero ese sentimiento duró poquito y supongo que debe ser común. De pronto te cae encima todo: la emoción, el miedo, la responsabilidad, los cambios... Pero lo más grande que cayó sobre todo eso fueron la inmensa felicidad y el amor instantáneo. En ese momento tuve la certeza de que ya no habría nada más importante.

Vas a llegar a una familia que te ama muchísimo. Tu papá es un tipazo, el mejor del mundo. Es guapo, divertido, inteligente, amoroso. Siempre tiene en la cabeza un proyecto nuevo. Ha estado al pendiente de ti desde que supo que venías. ¡Hubieras visto su cara de alegría y sorpresa! ¡Y cuando nos entramos de que eras niña! Sé que puedes confiar en él para lo que quieras. Para contarle tus planes y sueños. Para que te acompañe en las metas que quieras lograr. Tu papá siempre estará ahí para guiar y cuidar tus pasos. Estoy segura de que será el papá que te mereces. Un pilar en tu vida, el más importante, como lo es tu abuelo para mí.

Además, en casa tienes dos hermanos peludos. De este tiempo de espera, lo que más nos impacienta es verte interactuar con ellos. Son un par de consentidos, pero son buenos perritos y serán tu mejor compañía. Y también te darán algunas de las lecciones más importantes de tu vida. Figo y Tartán seguro se convertirán en tus mejores amigos y una de nuestras principales tareas será enseñarte a amarlos y respetarlos como seres vivos y como parte de tu familia. ¡No podemos esperar a que los conozcas!

Tienes también 4 abuelos que te esperan con muchísima emoción. Todos te han amado mucho desde que les contamos que venías. Se han preocupado porque tanto tú como yo tengamos lo mejor y estemos sanas y cómodas. Ya los conocerás a todos. Seguro te van a consentir de maneras que ni me imagino, pero está bien. Para eso son los abuelos, ya lo sabrás.

¡Y tienes suerte, Julia, porque tienes también bisabuelos! Más consentidores y más amor para ti.

Tienes muchos tíos, tías, primos y primas emocionados porque vienes. Varios se llaman Luis, pero no te preocupes, ya te irá quedando claro. ¡Y tienes un primito también en camino que nacerá unos días antes que tú! (Seguro se conocieron ya allá en el cielito, desde donde los mandaron). Todos han estado al pendiente de ti y nos chulean mucho en las fotos. Ha sido hermoso esperarte rodeada de su cariño y buenos deseos. El amor que te expresan sé los agradezco en el alma porque ellos son tu familia y eso, aunque suene trillado, es lo más importante en el mundo. Y créeme cuando te digo que tu familia es grande, grande, graaaaaaande. Te vas a divertir.

¡Y también estoy yo! Verás, tu mamá es un poco aprehensiva (tengo que trabajar este punto, por cierto), y me preocupo del mundo al que vienes a vivir. Te amo sin control y muero por platicarte, explicarte y aconsejarte muchas cosas... Esperarte ha sido una experiencia muy reflexiva. Me ha pasado por la mente todo: la realidad del mundo en que vivimos, los ejemplos que quiero darte, las cosas que debo cambiar. La vida, aunque yo no quiera, te presentará situaciones complicadas. Este planeta anda un poquitín de cabeza. Te va a tocar trabajar y espero que experimentar muchos cambios. Quiero que vivas en un mundo mejor y más justo. Quiero que corras menos peligros que los que escucho y sé que hay ahora. Que vivas segura para que puedas actuar libremente. Quiero que tomes las decisiones que se te den la gana, pero que te hagan crecer y ser feliz. Que no tengas culpas, que nada te ate. Que seas positiva para tu entorno. Que ames con mucha responsabilidad y, sobre todo, que te ames a ti primero y más que a nadie.

Seguro aplicaré el "te lo digo porque ya lo viví" y espero que entiendas que no lo hago para molestarte (aunque seguro lo pensarás), sino porque te quiero ahorrar golpes... Pero igual no puedo vivir en tus zapatos y te tocará darte. Y aquí estará tu mamá junto a ti para lo que necesites, no lo dudes.

Definitivamente el mundo es un lugar difícil, hija, pero vienes en camino y ya lo hiciste mil veces mejor.

Te amo.


17 de diciembre de 2013

Escribo todo el tiempo

Ya sé que van a pensar: "si escribes todo el tiempo, ¡por qué posteas cada mil años!" Es correcto, quisiera postear mucho más seguido, pero sí, escribo todo el tiempo.

A veces lo hago en papel, pero ya casi no. De niña tenía un diario. De hecho, tuve varios. Llené cuadernos con los sucesos de mi vida que, siendo una chavita bien portada, de buenas calificaciones y cero conflictiva, tampoco es como que hayan sido tan interesantes. Ya luego se puso más padre, por ahí de la prepa. Releer esos diarios me gusta; es como ver el guión de mi propia película. Es chistoso porque leo los problemones que tenía en esos años y cómo es que fui encontrando las soluciones y, hasta cierto punto, veo cómo es que maduré (música de violines y ojo remi). También leo los errores que cometí, las decisiones que tomé y no debí haber tomado, y pienso "ay Laura, si hubieras sabido lo que iba a pasar...". Como sí quisiera regresar y decirme "no le dediques tanto tiempo a esta relación", "Sí! Sí deberías irte a ese intercambio! Busca la forma!" o "Aunque pienses que esta situación no te va a doler, la verdad es que vas a salir raspada". Supongo que las mismas cosas que le pasan a todos, sucede yo tengo testimonio escrito.

Otras veces escribo en mi computadora. Esos trabajos son los que posteo en mi blog. Cuando lo abrí pensé más bien en un registro de los cambios que pasaban por mi vida (por eso se llama Control de Cambios). Sentía como si tuviera que documentar eso que pasaba, más para mí que para otros. Total que, como siempre, los escritores piensan que sus trabajos van por un lado y acaban yendo por otro. Ahora el blog es un espacio muy libre donde escribo lo que quiero y los invito a que lo lean. Pero también me ha servido para plantearme un futuro más o menos serio como escritora.  No sé si me de para escribir un libro, porque ahora que trabajo en una editorial entiendo que no son enchiladas, pero sí debe de haber una forma de escribir colaboraciones. Que cosa tan bonita eso de que escribas, a otros les guste y tú ganes lana.

También escribo en mi mente. Literalmente escribo. Trazó las letras y formo palabras y frases. En mi cabeza veo un espacio en blanco y escribo, no sé si me esté explicando... Escribo porque lo necesito, es como una catársis. Escribo porque muchas veces me entiendo mejor a mi misma en letras que en sonido. Hablo conmigo misma, pero me escribo mucho más. Me escribo en las noches, antes de dormir, manejando, en la regadera, cuando cocino. Es raro, porque normalmente en mi casa está prendida la TV y en el coche el radio, pero es incontrolable. No es como que me diga "a ver: mente en blanco, pluma imaginaria, ¡a escribir!" No; es una cosa que pasa, como cuando empiezas a cantar una canción que no sabes de dónde agarraste. 

Escribo para darme estructura. Mi mente es un lugar medio ruidoso a veces. Las letras que forman palabras y después frases me ayudan a poner orden. Me gusta pensar cómo escribiría en cartas las cosas que me pasan para después mandárselas a las personas que tengo lejos. Yo creo que eso es nostalgia, porque ya nadie escribe cartas. Yo escribí muchas para mis amigas, amigos y para los pretensos. Incluso tuve un pen-pal de Malasia hace muchos años... Eso seguro ya ni se usa. Es más, no creo ser capaz de escribir algo más largo que la lista del súper sin que se me engarroten los dedos. Que mal.

Va a sonar a lo más cursi de la historia, pero escribir, como lo hago ahora, es una fiesta. Darme el tiempo de ponerme en paz y redactar algo que les guste, que los haga reír, recordar, reflexionar... es un placer muy grande. Aprovecho este momento para agradecerles una vez más que pasen por este espacio y que me lean. 

En fin que, como les decía, escribo todo el tiempo.

Los dejo con la canción del post, una muy epistolar. ¡Nos leemos pronto!


3 de diciembre de 2013

Soy una nube

"Soy una nube... Soy una nube..." me repito mientras tengo las manos engarrotadas, bien agarradas al asiento del avión.

Todo comenzó hace unos 6 años. El avión aterrizó dando un par de brincotes. Un pasajero de filas atrás gritó "¡órale, agarramos terracería!" y, obvio, todos nos reímos. Pero una semilla putrefacta quedó en mi subconsciente.

Un año después volaba de noche y con lluvia. Recuerdo perfecto a 98% de los pasajeros jetones, el avión obscuro, y yo pegada a la ventanilla. La verdad es que no veía nada, solamente el foquito de la punta del ala. Pero de pronto, ¡relámpago! Se iluminó el cielo y vi el tormentón que estábamos atravesando, el ala completa del avión sangoloteándose bien fueeerte, el foquito a merced del trueno, y ¡ay mamacita, que pánico!

Hubo otros vuelos, menos accidentados, pero igual yo ya sentía el sudor en las palmas de las manos, la ligera taquicardia, los "Madre Santa" susurrados para mis adentros. Algo estaba cambiando.

Pero la cereza en el pastel fue un viaje en 2011. El avión era como de 20 años antes... de que yo naciera (primer punto negativo). Tenía más ruidos que ranfla y eso me puso neurótica. Entonces, nos avisan que habrá una escala fuera de itinerario en Tuxtla Gutiérrez. Salir de ese aeropuerto fue terrible. Había nubes y viento. Rebotábamos tan fuerte que juro que nos despegábamos de nuestros asientos (es real, tengo testigos). Se abrieron puertas de los maleteros. La gente gritaba, algunos con miedo y otros divertidos, como sí estuvieran en la montaña rusa. El avión se mecía horrible. Juro que tenía pánico. No grité, pero sí lloré y me traumaticé en serio. A partir de ese día, los despegues para mí son un suplicio. Y, en vuelos de más de dos horas, he tenido que tomarme "chochos de la alegría", para ir lo más tranquila posible.

Viajé en avión desde bebé sin problema alguno. Pero he venido a descubrir que mientras más años acumulo, me vuelvo más miedosa. Me da pena aceptar que me da miedo volar, ¡porque honestamente se me hace una nacada! Y además, una nacada que no es compatible con esta vida. Hay cosas y lugares que sólo puedes hacer y visitar viajando en avión. Así qué me obligo a no ser naca y seguir volando, pero siempre que sé que hay un viaje en puerta me tengo que terapear y tomar providencias.

No soy tonta, sé perfectamente que los aviones están diseñados para volar y tienen años y años de ingeniería y sistemas de seguridad aplicados. Sé que el índice de accidentes es mínimo. Tengo información. La situación es que mi menté lo entiende, pero hay 5 segundos de descontrol, de ataque de pánico, que toman posesión de mí. Ahí es cuando empiezo a repetirme esas cosas que ya sé y que me van calmando.

He tratado de superar el miedo. Ver vídeos, escuchar expertos, platicar con personas que saben... Por azares de la vida, recibí toda una cátedra de vuelo y mantenimiento de aviones por parte de un ingeniero muy acá de Interjet, incluyendo visita guiada a los hangares donde estaban los aviones desarmados. Fue increíble e interesantísimo, de verdad. Lo más extremo que hice para combatir esta fobia fue saltar en paracaídas. Mi razonamiento fue "qué mejor manera de superar el miedo a los aviones, ¡que saltando de uno!" Pues la experiencia no tiene comparación en esta vida y me hizo sentir súper poderosa. Iba petrificada de miedo, pero lo hice y me sentí tan orgullosa de mi misma que media caída me la aventé llorando de felicidad. Pero de ayudar con el miedo a volar, nada. (Igual pienso que sí lo volvería a hacer).

Lo que más me ha servido es escuchar un podcast de un ex pilotó que ahora se dedica a dar cursos para superar el miedo a volar. Palabras más, palabras menos, ha dicho que la turbulencia es similar a cuándo vas manejando y de pronto entras a un empedrado. El coche salta, pero no está fuera de control. Igual pasa con el avión. Explicó también que los cambios de altura, que tampoco son tan graves, se asemejan a cuando vas manejando, encuentras tráfico y cambias de carril. Los motores a veces se escuchan más fuerte y a veces más silenciosos, porque a mayor altura, la resistencia del aire es menor (no porque el avión haya perdido las máquinas y vaya a la deriva, como mi mente supone). No sé si sea por la simpleza de las analogías, pero me hizo todo el sentido del mundo.

Es correcto, la información desempaña el miedo. Porque de otra forma, llenamos esos vacíos con conjeturas de nuestras espantadas mentes. Y en mi caso, esas conjeturas son siempre escenas horribles, explosivas y tremendas, mezcla de todos los avionazos famosos, desde el cuate de La Bamba, pasando por los Andes, el reformazo y rematando con la reina de la banda.

Pero luego opera el sentido de pacificación y entonces pienso en escenas felices que pasan en aviones, como cuando Adam Sandler le canta a Drew Barrymore, o cuando Marissa Tomei se sube al avión a confesarle su amor a Robert Downey Jr. O cuando Mónica y Chandler andan viendo cómo escabullirse al baño de regreso de London, baby! Aunque, por otro lado, procuro no pensar mucho en Friends, porque ¡¿¡qué tal que este avión no tiene falanges!?!

Así que me despido repitiendo mi mantra: "Soy una nube... Esto un empedrado... Esto es normal... Soy cómo el viento, soy una nube...", y los dejo con la canción del post.

¡Nos leemos pronto!

27 de agosto de 2013

Ser de colores

Todos, sin excepción, estamos sometidos a presiones de varios tipos. De dinero, trabajo, familiares, una que otra enfermedad, el tráfico... Usted póngale el nombre que quiera y mande. Esto muchas veces sirve de pretexto para amargarse. Digamos que uno tiene justificación para decir "ando nefasteado porque no me alcanza para pagar las tarjetas", "estoy de malas porque traigo presión en el trabajo", "estoy agotada porque paso hoooras aplastada en el coche"; (esta última frase fue mi especialidad por mucho tiempo).

Y en este contexto, que difícil resulta mantener la calma y la buena actitud. Ya sé que somos fans de gritarle al mundo lo felices que somos, la buena cara que le ponemos a los lunes, lo mucho que los problemas nos han enseñado y hecho crecer. Los grandes avances que hemos hecho con el desapego y otros temas. Pero, ¿es todo esto cierto? No puedo probarlo, pero intuyo que en gran medida, no. Es mentira. Somos más recelosos, procrastinadores y apegados que lo queremos aceptar. Y nada de "vive y deja vivir". Somos metichones y criticones. Más de lo que deberíamos.

Y en eso se basa esta idea de "ser de colores". Ser de colores es, a pesar de todo, conservar la calma. Es no juzgar, no criticar y no suponer que se pueden evaluar las vidas ajenas. Ser de colores es mejor pintar tu raya si algo o alguien ya no acomoda en tu vida, pero no ser destructivo. Es medir con el principio de "Esto que voy a opinar ¿es útil? ¿Es provechoso? ¿Hace el bien?" Y si la respuesta es NO, mejor me lo quedo. Ser de colores es tirar buena onda, pues. Es que cuando estés con la gente, seas fuente de tranquilidad y confort.

Pero ¡aguas! Tampoco se trata de unirse al club de los optimistas y ser súper feliz, súper optimista, súper empático, súper aliviando y que todo se les resbale. Eso no es humano. Pero de ahí a traer amargue permanente, hay diferencia.

Yo conozco a alguien que es de colores. Hace que estar con ella, aunque sea de vez en cuando, te haga sentir bien. Habla de sus planes y su energía es contagiosa. Habla de sus problemas y, aunque le angustien, uno sabe y puede sentir que los va a resolver, porque no se ahoga en vasos de agua. Eso es ser de colores.

Sé que lograr ser de colores es un proceso que debe tomarse paso a paso. Primero eres blanco y negro, o escala de grises. Luego, un día, descubres que pasar horas en el tráfico se hace más leve si escuchas música bailable ¡y bailas! Tipo YMCA o El tiburón. Aunque los demás conductores te vean con cara de que estás lurias. Convéncete de que seguro lo hacen porque tienen envidia. Porque tú gozas dónde ellos sufren. Y así, ya  te sumaste un poquito de azul. Y otro día cambias el "cocinar es de flojera" por "esta receta nueva es para consentir al amorcito" y disfrutas probando sabores e imaginando el plato presentado hermoso y la cara del amorcito sorprendido y feliz ¡porque esta noche no cenará los mismos Corn Flakes de siempre! Ya le pusiste rojo a tu personita. Y otro día piensas "odio pagar impuestos, mejor me evito ponerme de malas y busco una causa, organización o fundación que los aproveche mejor", ¡y los donas! Eso, de menos, amerita un shot de tres colores: ¡verde, amarillo y naranja en combo!

¿Me explico? Así dejas de esparcir blanco y negro cuando estás con más gente, porque lo que tienes que contar y compartir es de colores. ¡Está precioso! La misión, si decidimos aceptarla, es dejar de andar a grises y meterle a todo el Pantone. Yo sí le entro. ¿Y ustedes?

La canción del blog es un clásico de ever and ever e ilustra perfecto mi punto.

¡Gracias por pasearse por este espacio! Nos leemos pronto.

12 de agosto de 2013

Relaciones amor / odio

¡Aaaah, verdad! Seguro juraron que les iba a escribir de amores tormentosos y dramas del corazón, pero no. Aunque las relaciones amor / odio son normalmente calamidades sentimentales, afortunadamente no sufro por estos temas. (O bueno, no más que cualquier otra persona).

La relación amor / odio más cruel, más descarnada, más tormentosa que vivo y afronto día con día es esa que tengo ¡CON LA COMIDA! *suenan gritos de terror*

Estudios muy cañones parecen indicar que eso de subir de peso se debe a una clara razón: me gusta la comida y me gusta comer. Y para mi desgracia, la comida que más me gusta es la que más kilos aporta: lo frito, lo rebozado, lo empanizado, lo gratinado, lo que lleva crema, lo que tiene mermelada, los chocolates variados… ¡No puedo mentir, me gusta la comida que engorda! 

El verdadero problema es que, pues una ya no tiene 20 años, ¿verdad? Y lo que antes se solucionaba con 3 nochecitas sin cenar, ahora cuesta sangre, sudor, sufrimiento y drama. Pero justamente porque ya pasé los veinte, ha llegado la hora de cuidarse, revertir el daño y prevenir. Y ojo, tampoco es que me la haya pasado tragando tortas de tamal y pasteles 3 leches día y noche, pero es un hecho que antes podía comer sin reparo y ahora, pues no tanto.

Mucho también provocado por los problemas de salud que tuve el año pasado, sobre todo una anemia muy fuerte, llevo un año cambiando poco a poco de hábitos alimenticios. Cosas como no comer lácteos y preferir leche de almendras. Bajarle al consumo de carne roja y optar por proteínas vegetales. Comer mucho pescado, verduras verdes, tomar antioxidantes, subirle al agua… ¿Milanesas? ¡De qué me hablas! Aquí nomás se come pescado a la plancha, chato.

Este tipo de cambios pueden ser apabullantes. Echarse un clavado al mundo de la comida sana es enfrentarse a una cantidad de información impresionante. Lo primero que viene es el susto: “¡He comido porquerías todos estos años! ¿Cómo puedo estar viva?”. Lo segundo es el agobio: “Y ahora, ¿por dónde empiezo?”. Lo tercero es la confusión: “¿Quinoa qué? ¿Espirulina dónde? ¿Xoconostle whaaaat?” Y después, finalmente, vino el “manos a la obra”.

Tengo la graaan fortuna de contar con el apoyo de una Health Coach, quien además es una de mis mejores amigas de la vida, (información aquí). Si bien no me puede obligar a comer lo que debo, a hacer ejercicio o a meditar por las noches, sí es una excelente guía y un soporte muy efectivo para recordarme por qué estoy cambiando, a dónde quiero llegar, qué quiero conseguir. Además, me da consejos, orientación y hasta recetas para hacerme la vida más sencilla y no renegar. Porque, seamos sinceros, nadie quiere comer ensalada perpetuamente o jamás volver a comer postre. El cuidarse de manera constante y comiendo rico, da chance de, de vez en cuando, darse un lujo. Y el consejo del jugo verde mañanero ha sido una maravilla en mi vida y en mi panza. ¡Uuuuuffff!

Obviamente estoy empezando, no soy experta. He fallado con las dietas y los regímenes antes, por eso voy con calma. Porque la idea es que esto no es “por un rato”, es un cambio de vida permanente. Y no está siendo un cambio sencillo; ha habido más de una pizza y un café con crema y chispitas de chocolate por ahí. Pero bueno, sería peor no haber empezado nunca. Además, viene el bodorrio, ¡que mejor aliciente!

Entonces, el amor / odio con la comida tal vez sea perpetuo. Será una relación con la que tendré que aprender a vivir, pero espero que sin rencores. La comida me ama y yo la amo, así que ni modo de irnos a pelear a estas alturas. 

¿Y ustedes, cómo se llevan con la comida?

Sin más ni más, les dejo la canción del blog. Tal vez sea obvia, pero no lo pude resistir.

¡Nos leemos pronto!



26 de marzo de 2013

Soy lágrima pronta

Soy MUY lágrima pronta. Lloro de tristeza, claro, pero también de felicidad, ternura, emoción, coraje y de prácticamente cualquier sentimiento en el rango humano.

Y no sólo eso, he llorado en casi cualquier lugar que me digan, público y privado: en la cama, la regadera, el coche, restaurantes, bares, cafés, antros, escuelas, oficinas, gasolineras, la playa y demás localidades.

Llorar para mí suele ser un acto incontrolable, por eso también muchas veces es muy penoso. Porque sinceramente, aunque el video de los perritos sea lo más tierno de la historia, no está bien visto que una acabe con el ojo aguado enfrente de la computadora en la oficina. Y aunque traigas el corazón más roto que la relación entre las Coreas, tampoco está padre llorar a mares en ese barecito de Reforma, con la cuba sudada enfrente (true story).

Aunque, por otro lado, llorar también es un acto catártico super sanador, sobre todo cuando es por tristeza. Empiezo a sentir que las lágrimas vienen del pecho, donde se siente el dolor. De ahí suben a los ojos, como una ola y no hay más que "dejar que fluya". Sacar todo en llanto (y mocos), y después, sentirse inundada por un cansancio reparador hasta quedarse dormida. De verdad, pobres de aquellos que, aún con la tristeza más honda, no pueden llorar. ¿Cómo le hacen? ¿No sienten que les va a explotar la cabeza y se les van a salir los ojos?

Ahora que llorar de felicidad es otro tipo de experiencia. Ahí las lágrimas vienen también del pecho, pero la cosa es positiva. Igual suben a los ojos, pero como una ola de alegría. Igual hay llantos (y mocos), pero esta vez es más bien como si salieran arcoíris -¿arcoirises?- bueno, como si las lágrimas fueran de colores. El llanto de felicidad es HÍPER CURSI, pero hay ocasiones en que no se contiene, chatos. Como cuando te dicen que tu mejor amiga se casa o que vas a tener un sobrino. ¡Es bien padre! (Ya hasta quiero llorar).

El llanto por ternura es muy parecido, pero viene más bien de ese nudo que se hace en la garganta cuando algo te sobrecoge. Tengo muy presente el día que lloré de ternura por ver una ardilla en una glorieta del Periférico, por Perisur. Ahí, parada en una piedra, en un espacio que debería estar lleno de árboles y ser su casa y que ahora es un enredo de calles y coches. Y ahí estaba ella. La miré un buen rato, me imagine cómo llegó hasta ahí y como saldría. La vi solita. Me dio muchísima ternura, se me hizo un nudo en la garganta y lloré. El llanto de ternura es muy raro. Estoy convencida de que es una mezcla de emoción e impotencia. Como cuando nace un bebé y lloras, porque estás lleno de emoción y quisieras ser Superman para asegurarte de que nada le pase nunca, pero no puedes. Y sientes impotencia. Esa es la mezcla que hace el nudo famoso en el pescuezo.

El más feíto, incluso peor que el de tristeza, es el llanto por enojo. Ese nace en el estómago, en las tripas. Es horrible llorar de enojo o coraje. Las lágrimas de rabia son las más amargas, y peor cuando es contigo mismo(a). Yo he llorado de coraje pocas veces. Pocas, pero todas llenas de desesperación. Tanta que dejas de ver tan descabelladas esas escenas de telenovela, cuando a la villana no le sale el plan y avienta todo lo que tiene enfrente. Es un llanto de furia. He pateado el piso llorando de coraje y no es nada bonito, ni constructivo, ni aporta.

El llanto de emoción es mi preferido. Suele ser un llanto super sorpresivo y es el que menos puedo controlar. Puede ser detonado por las cosas más variadas. Llanto de emoción si escucho una canción que me gusta y que hacía mucho no sonaba. Llanto de emoción si el atardecer está bonito y las nubes tienen esos tonos que son entre naranja y violeta. Llanto de emoción siempre que veo el final de 50 first dates, cuando Drew Barrymore conoce a su hija en el barco, rodeados de icebergs… El llanto de emoción es una explosión con chispas. Puede darme pena si es que estoy en público, pero en el fondo también me vale, porque estoy feliz.

Entonces, pues sí. Soy muy lágrima pronta. Aunque tampoco es algo que pretenda cambiar, porque al final de cuentas, es un reflejo de que estoy en contacto bien directo con mis emociones. Y si por 10 llantos de emoción llega uno de tristeza, no es mal negocio. I’ll take it. Y ustedes, ¿por qué lloran?

Los dejo con la canción del post. Hermosa e ideal para la lágrima: Landslide de Fleetwood Mac.



12 de septiembre de 2012

La pregunta

Recientemente fui enfrentada a la pregunta ¿qué queda de ti sin ti? 

Así, de entrada, pensé "¿qué tipo de pregunta es esa? Obviamente queda nada, ¡pues si ya no estoy!". Pero conociendo al preguntador, supe que había jiribilla detrás.  Entonces, por días (no exagero), me dediqué a pensar en eso. 

OK, punto uno, ¿quién soy? Empecé por las obviedades: soy una mujer, mexicana, de xx años (no especifico porque, bueno, ya habíamos aclarado que soy mujer). Soy la hija de Carmen y Luis, la hermana de Luis Alberto, la nieta de... (ya me entienden).  Soy la compañera de Poncho, la dueña/mamá de Figo y Tartán. Soy comunicóloga y soy empleada de una editorial. Soy mis sentimientos y experiencias. Lo que me gusta hacer, lo que no me gusta. Mis sueños, mis aspiraciones, mis metas... ¿cierto? Pues fíjense que no.

Aunque lo que voy a decir parece una obviedad, no lo es, (y entenderlo y aun mas, vivirlo es todavía más complicado e implica para mí mucho esfuerzo diario): todos en esta vida somos las circunstancias de un momento en especifico, que jamás son las mismas, que jamás se repiten. 

Entonces, ¿quién soy?, ¿qué queda si quito mi pasado, mis experiencias, mi futuro, los planes, la gente que me rodea? Pues queda justo este instante, este momento.

Creo que somos este segundo, ni el pasado que se fue, ni el futuro. Ni los traumas ni los sueños. Ni las experiencias, ni los planes. Porque todo eso no existe, porque no ha pasado o porque ya pasó. Somos ESTE momento, justo ahora. Sin cargas, sin lastres, ligeros como plumas. Es este ahora lo único que tiene certeza para mí.

Y por ahora soy una persona muy feliz, escribiendo de nuevo, porque me encanta, y compartiendo este post con ustedes. 

Como dijo el Buda: "Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora". 

¡Nos leemos pronto!

  
PD. - Pregunta respondida, aunque debo confesar que me soplaron varias pistas.

4 de abril de 2012

Bateando como viene la pitchada

Esa es una expresión muy de mi papá y me gusta: "hay que batear como venga la pitchada". O sea, no hay que anticiparse, no hay que predisponerse, la vida hay que recibirla y maniobrarla así como venga.

Evidentemente tampoco se trata de ser como veletas al viento esperando a ver pa' dónde nos jala el destino, ¿verdad? Pero el punto es que, muchas veces (por no decir siempre), aunque uno haga planes, la vida sorprende. Y en esas sorpresas llevo ya algunos mesesitos.

Si me hubieran preguntado el año pasado cómo pensaba empezar el 2012, mi respuesta hubiera sido tan diferente a lo que pasó en realidad, que jamás me lo hubiera imaginado. Tuve grandes cambios, personales, laborales y hasta de residencia, que no estaban para nada contemplados en los planes. Para mi fortuna, todos han sido beneficiosos para mí. He salido bien parada y mejor colocada que como estaba antes, no sin padecer y tener que trabajarle, ¡pero heme aquí!

¡Tengo un nuevo trabajo! A partir de esta semana presto mis servicios para una casa editorial, así que mi vida estará rodeada de libros, autores, ferias, librerías y demás ¡y me en-can-ta! Para nadie es un secreto el que tengo locas ganas de escribir y publicar un libro, y aunque no es que una cosa se vaya a dar producto de la otra, sí me siento un pasito más cerca del objetivo. Cuando menos ya estoy metida en la industria, ¿no?

Por otro lado, estoy haciendo merca digital, que también me encanta. Así que cumple las expectativas de lo que estaba buscando. Y la cerezota en el pastel, está cerquísima de mi casa. 10 minutos caminando. Algo hice muy bien por mi karma que me ha premiado con esto, y por diosito que no lo digo de broma. Hay que ser agradecidos con las cosas buenas que tenemos y este empleo nuevo tiene tanta gratitud de mi parte, lo recibo con un corazón tan abierto, que aseguro que viene para bien. ¡Esta pitchada la voy a batear de home run!

Así que nunca como hoy, el nombre de mi blog está tan bien elegido: control de cambios. Muchos, muchos cambios. Pero finalmente, nada, nunca jamás, es para siempre. Todo cambia y pues nada, nos tenemos que ajustar. Los saludo desde mi nuevo escritorio, con mi nueva compu, mi nueva ventana, mi nueva extensión y mi nuevo trabajo. Muy muy feliz. Y les deseo, porque como dije, son inevitables, muy felices cambios y puro batazo de hit!

Oigan, no conozco canciones que expresamente hablen de baseball, pero conozco una que se canta en el Fenway Park, estadio en el que juegan los Boston Red Sox que es el equipo basebolero al que, por razones muy poco deportivas, yo apoyo. Así que les dejo la canción del post (es buenisisísima)  y espero que nos leamos pronto. Playbaaaaall!