27 de septiembre de 2017

Catarsis




Escribo esto a manera de catarsis, aunque tal vez no lo lean y lo entiendo. Hemos estado tan expuestos y tan sobre informados que ahora algunos evadimos, o cuando menos lo intentamos. Si lo leen, muchas gracias.

Escribo porque me siento rebasada. Porque siento que si no lo saco se me siguen apretando los nudos que traigo en la panza y en el corazón desde ese día en que supimos que las probabilidades a esta madre naturaleza poco le importan.

Hay personas que ponen distancia, que separan. Está bien, todos procesamos diferente. Yo soy más bien como una esponja. Necesito saber qué está pasando. Si no lo sé me siento fuera del mundo. Creo que hasta me da más ansiedad no saber que enterarme. Pero esta vez la información es terrible y cercana. Pegó en casa y es imposible evitarla. Quizá debo aprender a que me importe pero no me duela.

Me siento fuera de mi cuerpo, aquí y allá, en todos lados. O tal vez en ninguno, porque mi cabeza no completa dos ideas sin alucinar la alerta sísimica o sentir que se mueve el piso o recordar cómo sonaba el edificio donde me encontraba, con ruidos terriblemente diferentes a los de todos los días.


Me siento vulnerable, creo que todos nos sentimos. Pequeñas migajas sobre una servilleta. ¿Y qué puedes hacer? Nada. Tomar algunas precauciones, reaccionar rápido, estar preparado. Pedirle a Dios o a quién tú creas que proteja tu vida y las de los tuyos. Y esperar a que pase el movimiento. Esperar eternos minutos.

Me siento asfixiada. Desde el 19 de septiembre respiro corto, no me entra el aire. Supongo que será temporal y que cuando menos me dé cuenta habrá pasado. ¿Cómo le hicieron hace 32 años? ¿Cuándo sintieron que la vida era "normal"?

Me siento útil e inútil, las dos al mismo tiempo. Prestas ayuda como una máquina desde tu trinchera. No quieres dormir, no quieres parar, no puedes llorar aunque tengas ganas. ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué hay que hacer para sentir que ayudaste? Tuve ganas de ser topo o ingeniera, o doctora o abogada o Superman, pero soy comunicóloga, qué se la hace. Tengo que ayudar en lo que puedo y entender que ese es el papel que me toca.

Me siento con ganas de llorar y no puedo. La verdad no tengo culpa por estar viva. Estoy feliz de estar viva y de que todos los míos lo estén. Pero el llanto se me atora en la garganta. A mí, la lágrima pronta... Tal vez porque siento que si lloro no voy a parar. Porque sé que el mundo es más grande que solo mi pequeño círculo y me duele lo que está pasando. Porque lloro y mi hija me ve con desconcierto y no quiero que se espante. Así es esto: su mamá a veces se pone triste y llora y en esta casa está bien llorar porque estas triste o enojado, pero antes que nada esa niña se tiene que sentir segura y yo tengo miedo.

Me siento adormilada pero no duermo. Miro el techo pensando en si mis tennis están a la mano. Si tengo las correas de los perros preparadas. Si el celular tiene pila suficiente. Si puedo cargar a mi hija y bajar 3 pisos corriendo. Si no será que me duermo y no escucho la alerta sísmica... Y estoy en eso cuando de pronto hay un ruido: "¡¿qué es eso?!" Es el sueño que se va a tardar en llegar otro ratito.

Ya nada puede ni debe ser como antes y me siento ansiosa porque no quiero que la gente olvide. El año que entra es importante para nuestro país. Por favor, que la gente no olvide. Que nadie olvide pronto.

Me siento orgullosa de estas personas que me rodean. De los que corren sin dudar hacia el peligro porque pueden salvar una vida. De los que se desprenden de todo porque el otro se quedó sin nada. Estoy esperanzada, cosa no muy habitual por estos días. Me siento muy triste pero conmovida.

Me siento impaciente porque quiero que pase el tiempo y que se afiance, de forma definitiva, esta nueva vida que tenemos. Solidaria, empática, humilde, organizada. Con eso, mi familia, menos miedo y unas horas más de sueño, podría decir que basta y sobra.



1 de septiembre de 2017

Soy esposa de un emprendedor



Sobre emprendimiento y emprendedores hay mil cosas escritas. Hay manuales, biografías, casos de éxito y fracaso. Hay un millón de metodologías que se pueden seguir para arrancar eso que es un sueño en la mente de los empresarios en potencia. Pero nunca he visto un texto sobre nosotros, los compañeros de los emprendedores. Las parejas que atestiguamos la aventura de arrancar un negocio y que la vivimos como un sistema de soporte.

No es fácil. Es emocionante, da miedo, a veces te desesperas pero también te llenas de orgullo. Aprendes muchas lecciones, conoces a tu pareja y, si son fuertes juntos, sentirán que ese negocio es como otro bebé de la familia.

Como esposa de un emprendedor he aprendido que hay altas y bajas. Los disparos de adrenalina son fuertes para los empresarios, pero también para ti que estás al lado. Hay picos eufóricos cuando se cierran los primeros clientes, cuando abren oficinas, cuando cae un proyecto increíble. Y luego hay bajadas (inevitables) cuando el cliente ni era tan bueno, o debes recortar la oficina o el proyecto increíble se vuelve un Frankenstein del que ya mejor hay que deshacerse. Y de todo quedan lecciones.

He aprendido a ser un apoyo, a escuchar lo que pasa y mantenerme centrada y dar opiniones cuando son necesarias o cuando creo que colaboran con la situación. Yo sé que el esposo trae mil cosas en la cabeza, de nada sirve rellenarlo con mil opiniones más. Trato de ser mesurada porque, como ya hemos hablado, soy de mecha corta y a veces me ganan las pasiones y exploto, o al contrario, juro que esta es la montaña que nos faltaba conquistar para ser los próximos Bill y Melinda Gates y pues, no es así. Intento constantemente ser objetiva, escuchar lo que me cuenta y dar opiniones imparciales.

Cuando el esposo me planteó su salida del mundo Godínez y su entrada al emprendimiento yo vi todo muy brillante. Supuse que tendría más horas esposo en la casa, menos viajes de trabajo, más vacaciones… ERROR. Sí tuve más horas esposo en la casa, pero todas trabajando. Días y días, fines de semana incluidos, 24/7 pegado a la máquina sacando trabajo mientras yo rondo por la casa haciendo de todo, incluyendo opinar del nuevo logo, de la presentación para el pitch, del formato de la tarjeta de presentación...

Los horarios son un tema cuando tienes pareja emprendedora, porque con conocimiento de causa puedo decir que tu significant other será un ente presente, pero su mente estará resolviendo problemas, creando cosas, cerrando clientes, armando presentaciones, pensando en la facturación y otro sin fin de tareas que conlleva tener un negocio propio. A veces vas a sentir que hablaste con la pared porque ya dijiste cosas que tienes que repetir varias veces. Se paciente. Trata de entender, como yo lo hago, que los emprendedores traen la cabeza llena de temas, entre ellos el bienestar de las familias de sus empleados, situación que también depende del éxito del negocio.

Pero hay un lado bueno. Te vuelves super independiente. Yo he aprendido que tengo la capacidad de resolver mil situaciones sola, sin necesidad de ayuda, porque opto por no saturar al esposo que anda al tope. No quiere decir que él no ayude ya para nada o que no le importe lo que pasa alrededor. Quiere decir que selecciono bien las actividades que puedo hacer sola y para las que necesito su participación o ayuda. Somos un equipo no un muégano y eso jamás me ha quedado tan claro como en estos años de emprendimiento.

Otra lección: hay que aguantar vara con la frustración. La propia y la ajena. Emprender es una carrera de resistencia, es un maratón, y seguramente no todo saldrá al primer intento. Habrá días tristes. Habrá malos humores. Habrá corajes. Es muy complicado lidiar con la frustración de ver ideas o proyectos ir y venir… Así es esto. Ojalá hubiera una receta para el triunfo garantizado, pero no la hay. Como dije, hay que apechugar porque la pareja emprendedora necesita sentir que hay un puerto seguro después de los problemas y ese puerto seguro eres tú. Apóyense en su relación, en el amor. Háblale, cuando estén listos, de todo lo bueno que hubo en ese proyecto y de las oportunidades que ves. Construye, no destruyas. Hazle sentir que dentro de él o ella está todo el potencial y anímalo/a a encontrar lo que falte para que el próximo paso sea el bueno.

Lo que más me quedo de estos años de acompañar a un emprendedor es un orgullo enorme. Han sido años difíciles y divertidos, de retos, de altibajos, de horarios matados… El esposo sabe, porque se lo he dicho, que verlo convertir sueños e ideas en realidades, atestiguar cómo va alcanzando sus metas y compartir la vida con él, viéndolo convertirse en el hombre y empresario que es hoy, hace que todos los sacrificios valgan la pena. Todo ha construido la familia que hoy somos. 

Mi amor: estoy muy orgullosa de ti. Gracias por tu entrega y tu pasión. ¡Te amamos al infinito!




24 de octubre de 2016

La buena educación



De los temas sobre la crianza de Julia, últimamente he pensado mucho en la “buena educación” y los modales y en qué lugar de mi lista están.

Me explico.

El mundo es un lugar muy demandante, especialmente para las mujeres. No me voy a poner feminazi (que horror), pero es un hecho indiscutible que, desde muy jóvenes, las mujeres enfrentan retos extra en nuestra sociedad –no se diga en otras más radicales-. Y pues, estando como están las cosas, creo que me preocupan mucho más otros aspectos de la crianza de mi hija: su autoestima, su resiliencia, su asertividad, que cultive su espíritu, que sepa que forma parte del mundo y que, aunque ella es el centro de mi vida, no será (ni debe ser) el centro de la vida de otros.

Julia no se ha ganado el apodo de Huracán Vargas de a gratis. Dice mi amiga Liz que es una bebé Border Collie, y pues sí, es cierto. Es una bebé muy sociable, cariñosa y activa, y ha demostrado tener también un carácter jijo. Sé que es chiquita, pero se está acercando a los famosos terribles dos y es inevitable comenzar a cuestionarte más sobre qué tipo de disciplina quieres manejar.

Mi idea, y la de su papá, no es domar el carácter de Julia. No queremos, por sobre otras cosas, que sea modosita o bien portada. Nuestra idea es entenderla y encaminarla. Es difícil, porque tampoco quiero que crezca como una plantita salvaje, pero quiero que tenga claro desde ya que así como es, es perfecta y la amamos. Tendremos que encontrar la forma de respetar su personalidad y hacerla un ser sociable y no una pelangocha en potencia: #LadyHuracánVargas.

Entonces, me interesan más otros temas. Quiero que crezca teniendo claro que es importante decir NO claramente cuando no esté de acuerdo con algo, cuando no quiera ir a algún lado, cuando le ofrezca cosas que puedan hacerle daño... Que no le importe que la vean mal o que piensen que es grosera. Quiero que sea asertiva. Prefiero mil veces que pase por una chica ruda a que acepte lo que sea por quedar bien.

Espero inculcarle la seguridad de que cualquiera podrá fijarse en ella, pero lo importante es lo que ella elija; que sus estándares sean altos, que no se conforme. Que se evite las penas del corazón innecesarias. Es muy probable que le tocarán decepciones (como a todos), pero es mejor sufrir de amores por alguien que valga la pena que por cualquier equis genérico, la verdad.

Y hablando de decepciones, quiero que sepa resistir, aprender y levantarse. Que entienda que de todo lo que le suceda, puede quedarle un aprendizaje. Que sepa pedir ayuda si la necesita. Que tenga herramientas para  no sentirse sola o sin esperanza. Y que yo le voy a creer, la voy a apoyar y la voy a acompañar siempre.

Que gran responsabilidad es criar un ser humano. Más cuando, como otro ser humano, tienes errores, dudas y arrastras tus propios temas. Pero es necesario tener claro, lo antes posible, qué es prioritario para ti en tus hijos y trabajar sobre eso. Como siempre, intento guiar a mi hija con la mejor de las intenciones y esperando estar haciendo lo correcto. E iluminando este largo camino siempre con amor. 

Los dejo con "What I Am", la canción del post (la amo, escúchenla bien) ¡y nos leemos pronto!







27 de septiembre de 2016

To all my US citizens family and friends



I know some of you are feeling disappointed or mad because your first choice for candidate in this election wasn’t the chosen one to be in the presidential final run. I know that feeling, BELIEVE ME. I’m familiar with that hole in the stomach caused by thinking these are going to be lost years. But I still went out and voted, because one has to make a choice, take a stand and participate.

I know you might be asking why I should care for what happens in your elections, but I do. My country does. The whole World does! We are all watching you, kinda powerless, hoping for you to participate and make your voice count (#VotoLatino, bitches).

Don’t make the mistake to think those two candidates are the same rotten crap, because they are not. We all can tell the difference between a politician and a charlatan, between facts and rubbish. Please, think in the best interest for your country and our planet. Register and vote. Use your power.

Don’t be naive enough to think “There’s no way this racist, misogynist, rabid coward, faked tanned asshole could win. Only morons would vote for him”, because, guess what, there are A LOT of morons out there. And, let me tell you, that’s what some people here in Mexico thought, and now we have our own asshole sited in the presidential chair and will have for the next two years. And I just can’t tell you how much our country is suffering it (I didn’t vote for him, just putting that clear ).

So, I can’t say this enough, register and vote. Take two minutes and help someone else register. Don’t be cynic about this that could be the most important decision you will be taking in this century.



I hope this song to empower you: Voto Latino de Molotov. Go vote!





12 de abril de 2016

El descanso

Me preocupa mucho mi salud. Este año, sin duda, ha sido el más demandante que he tenido física y mentalmente. Cuando menos en mi caso, tener una bebé ha sido una montaña rusa de emociones que van desde la euforia total hasta el agotamiento. Y cuando creo que un determinado punto es lo más cansada que puedo estar, pues no, hay un punto más allá.


Veamos; este año he tenido:
- anemia (producto de una complicación post parto)
- conjuntivitis (3 veces)
- esguince cervical
- una contractura permanente en el hombro izquierdo
- la cara entumida
- párpado brincolín
- presión alta
- dos o tres faringitis
- y tantas gripas que ya perdí la cuenta

Explicaciones hay muchas. Julia y la guardería, la época de frío, caerse de sentón cargando una bebé y no poder meter las manos. Pero de unos meses para acá el diagnóstico es el mismo: su problema es de índole anímico. He escuchado necesita descansar, necesita relajarse, necesita dormir más tantas veces, que navego en el típico esto ya lo viví.

Julia nunca ha dormido de corrido. Bueno, tal vez unas cinco noches en este año. Eso quiere decir que llevo más de un año sin dormir más de tres o cuatro horas seguidas. Porque incluso cuando Julia se ha quedado con sus abuelos, me despierto preocupada porque no la he escuchado llorar, sólo para darme cuenta de que no está en la casa o de que estoy de viaje (ya sé, como maldición gitana). Es obvio que estoy agotada. Es obvio que se me bajan las defensas. Es obvio que me enfermo de todo.

No hay vitaminas, dieta sana o estilo de vida que aguanten la falta de descanso. Juro que lo que mantiene en pie es que la fuente de cansancio es también la fuente de las mayores alegrías y satisfacciones de la vida. Y que mi marido coopera. Y que mi trabajo me encanta. Pero es muy frustrante escuchar que debes descansar y saber que eso sólo pasará en el mágico mundo de la ilusión...

Yo no dejo llorar a Julia; me desconsuela sólo pensarlo. Me queda claro que no tiene hambre, ni frío, ni calor, ni fiebre... Pero algo tiene y se despierta. Y ahí está su mamá para acostarla y darle leche o agua y ponerla a dormir de nuevo. Ahí está su mamá como un zombie, pero ahí está. Sé que cada bebé tiene su ritmo, sé que esta es una etapa (larguita en este caso, diría yo), sé que un día va a dormir de corrido y esto parecerá una aventura lejana, pero ¿de dónde saca uno resistencia para aguantar hasta ese punto?

Mi última monería es la presión alta. Que porque tengo estrés, que porque no descanso. Típico. Que tengo ansiedad, que necesito dormir. Típico. Me preocupa mucho mi salud. Aunque la cara dormida y la presión sean una somatización del estrés y no algo en mi cerebro (una tomografía lo comprueba), finalmente siento la cara dormida y me zumban los oídos porque tengo la presión alta. Es delicado y no me gusta. Me hace pensar que no tengo resistencia; que no tengo lo que se necesita para esta tarea que apenas empieza, ¿me explico?

¿Soy la única?

Los dejo con la canción del post, una que le gusta a Julia y que baila como campeona, y los mantengo al tanto. Pronto tengo cita con el doctor. Ya sé qué me va a decir y sé que estará complicado. Hagan changitos por mi sueño y el de mi hija ¡y duerman todo lo que puedan!



7 de mayo de 2015

10 de mayo

Ya viene el Día de las Madres y estoy emocionadísima. Es mi primero, porque en el del año pasado no estaba ni siquiera embarazada. Había celebrado antes, como mami de perrhijos, pero honestamente, esta vez sí lo siento diferente. 

Como todos los padres, tengo en mis manos una ENORME responsabilidad. La más importante de mi vida. Estoy criando un ser humano. Ahorita parece no ser tan complejo, porque básicamente cambio pañales, soy mamila humana y arrullo a la bebé, pero desde ya, estoy dando ejemplos, creando rutinas, transmitiendo seguridad y amor.

Aquí a mi lado, durmiendo su siesta, está una niñita que ha transformado mi vida y que depende de mí (y de mi esposo, claro) totalmente. Junto a mí duerme una bebé que necesita de nosotros para sentirse segura, protegida y sobre todo, amada. En estos momentos, todo eso se lo demostramos con pequeñas acciones que parecen triviales, pero que para ella son el mundo entero: la mantenemos limpia y calientita, la alimentamos con amor. La consolamos cuando llora; la abrazamos, estamos siempre al pendiente de ella. Somos pacientes cuando está molesta y no entendemos qué tiene... Porque cada cambio de pañal le dice que la amo y  quiero que esté cómoda. Cada levantada en la madrugada le dice que mi sueño puede esperar porque ella me necesita. Cada “platicada” que nos echamos le dice que me interesa lo que tiene que decirme, que quiero escucharla, acompañarla, aconsejarla y que así será siempre.

El título de mamá viene normalmente en automático cuando tienes un hijo, pero yo creo que debes hacerte merecedora. Y yo, novateando, con mis dudas, con las grandes sorpresas, con el cansancio, con las recompensas que dan sus sonrisas, con el inmenso amor que siento por ella y usando mi instinto, prometo chambear duro para ganármelo todos los días de mi vida.

No quiero cerrar este post sin darle gracias a la mamá de mi esposo, a la señora Rosy, por ser una amiga, un apoyo y una maravillosa abuela. Y hoy más que nunca, gracias a mi mamá. Tener un hijo te conecta a tu madre de forma impresionante y quiero decirte, mami, que te admiro y te agradezco todo. Eres el faro que me va guiando en esta nueva aventura maravillosa de tener una hija. ¡Te amo!


Es muy obvia la canción del post, pero ¿saben qué? Azotadona y medio dramas, no existe otra en la vida que quede mejor.

13 de abril de 2015

Monotema

Cuando supe que estaba embarazada le pedí a mi marido que no me dejara volverme "monotema". No quería ser esa típica panzona que sólo habla de bebé, bebé, bebé y temas relacionados. Bueno, pues hemos fracasado. Un poco porque todo mundo te pregunta sobre el bebé y acabas hablando de eso inevitablemente, otro poco porque, de verdad, los bebés llegan a modificar la vida desde el segundo 1 en que crecen en la panza, de forma que, efectivamente, todo gira en torno a ellos.

Y ahora que Julia ya llegó, las transformaciones y los ajustes están más rudos. La bebé se ha vuelto el centro de todas mis actividades, más porque estoy amamantando y eso hace que tenga que estar disponible y cerca de ella las 24 horas del día. No me pesa, porque además sé que esto es lo mejor para mi bebé, pero cuando quieres hacer pipí con urgencia y traes a la chamaca pegada, de verdad que no puedes evitar extrañar esas épocas doradas en que ibas al baño cuando se te daba la gana. O te metías a bañar, o comías...

Confieso que he llorado mucho estos días, por todas las razones posibles y sé que no soy la única mamá que ha pasado por esto. Lloré de emoción y felicidad, tomada de la mano de mi esposo, cuando escuchamos el llanto de Julia que anunciaba su llegada a este mundo. Lloré de ternura la primera vez que le canté a mi bebita una de las canciones que le ponía en la panza y ella se quedó tranquila, mirando mis ojos. Es de los momentos más bonitos de mi vida. Lloré de desesperación el primer día que mi hija lloró sin parar y yo no entendía qué tenía. El sentimiento de impotencia era una pesadilla porque, si yo no sé que tiene, yo que soy su mamá, ¿quién lo va a saber? (Ya después comprendí que tampoco tengo por qué saberlo todo. Soy mamá nueva y cada bebé es diferente. Incluso es diferente de si mismo de un día a otro).

No voy a mentir, ha habido un par de momentos en que pensé "no puedo". Creo que era el cansancio hablando (a veces me habla todavía). La realidad es que sí puedes. No sabes cómo lo haces, pero sigues y sigues. Aprendo cada día, observo a mi bebé y la voy conociendo más. Me apoyo en mi esposo para hacer equipo. Ajusté los horarios. Procuro hacerme resistente a la frustración de tener los trastes del desayuno sucios a las 2 de la tarde. Es mil veces más importante contemplar a Julia dormir. Ver cómo respira, cómo hace caritas, escuchar los soniditos que hace entre sueños. Y en las noches, ni siquiera me lo cuestiono. Obviamente tengo sueño, pero escucho a Julia y se enciende una alarma, brinco de la cama y vamonos: pañal, comida, palmaditas en la espalda, cambio de lado, palmaditas, revisar pañal y a dormir... Y muchos besos y apapachos para mi bebita en medio de todos esos pasos. Sí, es cansado. Sí, sueño con dormir de corrido, como antes, pero nada supera la risita de mi hija. Nada.

Entonces, sí. Es probable que sea un poco monotema por algún tiempo. Pero sucede que mi hija es mi tema favorito y, además, es un tema que tiene noticias nuevas y emocionantes todos los días. Y es lo más enriquecedor que me ha pasado... Porque, si alguna vez dudé sobre el objetivo de esta vida, todo quedó claro el día que nació Julia, con eso que sentí en mi cuerpo en el instante en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.


La canción del post es un hallazgo de mi mamá y nos encanta, nos pone de buenas y ya se nos pegó a todos: Ju Ju Julia de Enrique Guzmán.

¡Nos leemos pronto!