1 de noviembre de 2011

Día de Muertos

La muerte es sólo una experiencia más que nos vamos a encontrar en esta vida.

6 de octubre de 2011

ESAS canciones

Ya ni tiene caso que les diga nada. De corazón, yo quisiera escribir mucho más seguido, pero entre la chamba y que ahora también colaboro en el Club de los Expertos (pasen a visitar), pues ando re-cansada. Y luego el cansancio y la creatividad no van de la mano. Pero bueno, me vengo antojando este post desde hace días, así que espero que les guste.

Obviamente, todos conocemos el poder de la música. Todos hemos vivido ese momento en que escuchamos los primeros acordes de una canción y sentimos un hoyo en la panza. Cerramos los ojos y nos transportamos al momento que nos recuerda y casi casi lo podemos revivir. Las emociones siguen ahí y la canción no ha hecho mas que traerlas a flor de piel. Es una sensación que puede llenarnos de felicidad, de tristeza, de melancolía, pero siempre nos recuerda de dónde venimos y, si ponemos atención, nos puede decir hacia dónde vamos.

Mi memoria es bastante privilegiada. Me ayuda a recordar muchos detalles. Es una locura cuando puedo recordar hasta qué palabras estaba diciendo, por qué, que perfume traía, que llevaba puesto, si llovía, si era de noche. Es una máquina del tiempo en mi cabeza y creo, de verdad, que la amo.

No soy fanática de aferrarse al pasado, y de hecho procuro no hacerlo, pero tampoco soy fan de olvidar las cosas como si jamás hubieran sucedido. El pasado está ahí y hay que abrazarlo. Hay que entender y aprender las cosas que vivimos. Hay que perdonar y agradecer. Hay que dejarlo ir, pero no olvidarlo. Y hay que dejarnos envolver por la magia de recordar, porque de verdad lo considero un privilegio. Y porque, como dice Joni Mitchell en una de mis canciones favoritas: Well, something's lost, but something's gained in living everyday.

Este post es un homenaje a ESOS momentos en mi vida, (cuando menos a algunos), a mis hoyos en la panza, al escalofrío y los suspiros. La verdad, no les voy a tirar el rollo de cada canción, porque parte de la magia es que son recuerdos muy personales. Mas bien los invito a dos cosas:

1. Escuchar buenas rolas.
2. Pensar en qué canciones son SUS canciones.

Ahora sí, ahí va la lista y las ligas:

01. Summer Love - David Tavare
02. Cool - Gwen Stefani
03. Las de la Intuición - Shakira
04. Mr. Brightside - The Killers
05. Time After Time - Cindy Lauper
06. Me & You - Cassie
07. Don't Cha - The Pussycat Dolls
08. Couldn't Have Said It Better - Meatloaf
09. Piel Morena - Thalía
10. When You Were Young - The Killers
11. Edge of Seventeen - Stevie Nicks
12. Slave to Love - Brian Ferry
13. Faster Than the Speed of Night - Bonnie Tyler
14. Rock N´ Roll Dreams Come Trough - Meatloaf
15. Both Sides Now - Joni Mitchell
16. Sex on Fire - Kings of Leon
17. Please, please, please, let me get what I want - The Smiths
18. Home - Michael Buble
19. Peace Train - Cat Stevens
20. Muy Dentro de Mí - Marc Anthony

Viajen en el tiempo! Disfruten las sensaciones!

8 de septiembre de 2011

Personalísimo

Ustedes disculparán mi tardanza en escribir, pero ha habido sucesos que me han traído medio bajoneada últimamente. Sufrí de depresión post balacera en el estadio de los Santos, post locutor que pide que arrollemos ciclistas, post incendio en el casino de Monterrey y después post episodio de los quesos y el soborno... Total, parece que en este país (y en este mundo) jamás se acaba. Cuando me di cuenta del tiempo que había pasado, decidí escribir este publicación a manera de catarsis.

Para nadie es secreto, vivimos en una sociedad sumamente consumista que, desde pequeños, y por así decirlo, nos sube en el tren del "más, más, más". Más éxito, más dinero, más cosas, más rápido, más joven. Este es un mundo que te exige vivir menos, consumir más. Por eso te venden pan de muerto desde julio y árboles de navidad desde agosto. Por eso a mediados del 2011 ya venden coches modelo 2012. Por eso apenas sale el iPhone 4, empiezan a endulzarte la oreja con las bondades del iPhone 5.

Este trenecito no se para. Cuando volteas, ya pasaste muchas estaciones y no supiste ni cómo ni cuándo. Y en esta prisa de "lo que sigue", queda poco tiempo para entender lecciones, para asimilar aprendizajes, para reflexionar y aprehender.

Creo firmemente que esto es una enfermedad que aqueja al mundo. Una grave. Y lo peor es que no sólo no veo señales de mejora, sino que el mal se está contagiando. De pronto, de entre sociedades históricamente pacíficas, de las que deberíamos estar aprendiendo lo bueno, sale un individuo capaz de disparar a matar decenas de personas, (jóvenes adolescentes), al azar, motivado por odio racial. "Odio racial", perdiendo de vista el elemental punto de que todos somos personas.

Y después me volteo a ver a mí misma y encuentro conductas menos locas, pero que por ahí andan. Cada vez que digo "maldito camionero, ojalá se muera" o "estúpidos políticos, ojalá los maten"... ¿Es eso en verdad lo que yo quisiera? No, pero uno suelta esas palabras como si nada. O sea, no me quiero dar golpes de pecho, pero de verdad creo que corregir las acciones empieza por corregir las palabras.

Total, como estoy en franca edad de tener niños y empiezo a pensar en el futuro y el mundo que van a vivir, (desigual, injusto, polarizado, materialista...), me cuestiono muchas cosas. Me da tristeza. Me pregunto qué tanto estoy haciendo y puedo hacer. En fin... creo que han sido días de mucha ofuscación. Y me queda clarísimo que tengo muchas cosas que pensar; mucha tarea.

Por favor, pongan atención a esta canción. Cambiemos el tren del "más, más, más" por un tren de paz. Saludos!

11 de agosto de 2011

Me enojo y aaah!

A veces me enojo. Ahí dónde me ven, sonriente y buena copa, no soy todo cascabeles y ja-ja-ja. Es más, podría decir que me enojo más seguido de lo que yo quisiera. Alguna vez le dije a mi mejor amigo que soy de mecha corta pero de poca pólvora, y es cierto. Me enojo mucho y con relativa facilidad, pero el berrinche me dura poco tiempo y luego ya, pasó.

Mis dos minutos de enojo suelen ser de mucho exalto. Maldigo, es probabale que levante la voz, digo cosas muy feas (de las que luego me arrepiento), me da calor, me pongo roja, tengo ganas de matar a alguien. Bueno, puede que hasta llore del coraje, literalmente. Y ya en extremo, he llegado a patalear el suelo. Tal cual. No me siento orgullosa de esos destemples en mi carácter, porque además sé que no son nada sanos. Pero tampoco creo que sea sano tragarse el coraje y dejar que lo digiera el estómago o el colon o la presión arterial. De mi sistema sale porque sale, aunque sea en forma de recordatorio maternal.

Hay situaciones que me hacen enojar tanto como a cualquiera, como la manera en que manejan los choferes de camiones, peceras y taxistas, o que la gente tire basura en la calle (aaah! lo odio!), pero obviamente cada persona tienen sus muy exclusivos botones rojos que disparan su ira. Reflexionando, los míos tienen que ver con la gente moralina, la ignorancia y la estupidez en general. Ah, y también tengo problemas con las autoridades, pero eso es tema de otro post (uno que se llame "Creo firmemente que siempre tengo la razón").

Pero cuando más, más, más me enojo, es cuando me enojo conmigo misma. Cuando voy parada en el tráfico porque sé que me levanté tarde. Cuando digo "¡nada me queda!", pero sé que le he entrado a las garnachas con felicidad. Cuando pienso "tengo sueño" y recuerdo que una noche anterior me desvelé viendo en la TV cualquier tontería. O sea, situaciones que están en mis manos y con las que soy negligente.

Ahora, haciendo un análisis más profundo, el enojo rara vez es sólo enojo. Normalmente tiene otra cosilla por ahí escondida que no queremos o no podemos manejar y que expresamos armándola de pex. En mi caso, creo que el enojo normalmente es manifestación de infelicidad, impotencia, miedo o frustración. Piénsenlo bien, es sencillo canalizar cualquier sentimiento negativo al enojo y hasta puede servir como un escudo. Es más sencillo enojarse que aceptar que estás triste. Es más sencillo enojarse que enfrentar que tienes miedo. Es más sencillo enojarse que lidiar con una decepción.

Ahora, cuando menos en mi caso, el enojo me enciende una especie de lumbre en las tripas y me hace moverme. En cambio la frustración o el miedo, mas bien me paralizan. Digo, de ninguna forma estoy diciendo que esté increíble enojarse para actuar, o que esté más padre enojarse que llorar porque estás triste. Evidentemente tengo muchos aspectos que mejorar en mi manejo de emociones negativas y mi manera de explotar. Pero si un consejo puedo dar a este respecto, es que es mejor detenernos y reflexionar por qué estamos molestos y si no es que ese enojo es en realidad reflejo de otra cosa:

¿Estoy enojado(a) con mi jefe o estoy frustrado(a) porque no me puedo comunicar con él/ella?
¿Estoy enojado(a) con mi novia(o) o estoy triste por algo que pasó y que no hemos solucionado?
¿Estoy enojado(a) porque este proyecto está feo/aburrido/complicado o tengo miedo de no poder dar el resultado que se espera?

Y si detectamos cuál es nuestro sentimiento real, creo que podremos trabajar en su solución mucho mejor. Sin mencionar los beneficios para el hígado. Y ahora, si después de meditarlo resulta que sí es enojo, pues let it be! Todos tenemos derecho a explotar de vez en cuando, no?

Les dejo la cancioncita del post. No, no es de enojo, todo lo contrario. Se trata de una canción ponme de buenas y tranquilizadora (que además aparece en mi película favorita de todos los tiempos). Espero que la disfruten. Hasta la próxima!


27 de julio de 2011

A - M - I - G - O - S

Sé que había prometido un post acerca de las recientes vacaciones a Costa Rica y claro que lo habrá, porque hay muchas cosas que platicar, pero tendrá que esperar un poco más. Hace un par de semanas pasaron cosas que me hicieron pensar en este post. Así que este texto irá dedicado a los amigos y contará con los videos de muchas (pero de verdad, muchas) canciones que me recuerdan momentos bonitos y divertidos vividos con todos ellos.
Me considero una persona sociable. Me es sencillo conocer gente nueva, no tengo problemas en platicar con cualquier persona e interesarme realmente en lo que cuenten. Sin embargo, no tengo muchos amigos. Son pocas, y lo digo en serio, las personas que están cerca de mi vida y que me conocen bien. La verdad soy muy afortunada porque tengo amigos y amigas muy valiosas. Gente exitosa, inteligente, chistosa, chambeadora, que tiene sueños y metas y que disfruta la vida. De esas personas que de verdad quieres tener cerca.
Confieso y acepto, con mucha pena, que no soy la clase de amiga que llama diario o que organiza las reuniones. Pero no es porque no quiera o no me interese verlos. Creo que gracias a las ondas de internet, sé que sucede en sus vidas, veo fotos, me río de lo que escriben y es por eso que no los siento lejos. Igual no es excusa, es una explicación.
Muchas, muchas veces me lo reprocho, y me gustaría ser diferente. Pero eso sí les digo, quiero infinitamente a mis amigos, que nadie lo dude. Sé que me falta constancia, pero no me falta cariño. Aunque estoy muy convencida de que la intención no es todo lo que se necesita y que hay procurar las amistades y demostrar que estás presente y cuentan contigo.
Y, como les decía, hay cosas en la vida que te ponen a pensar si estás construyendo suficientes momentos felices al lado de las personas que quieres. Sucesos que te hacen reflexionar sobre los lazos de afecto que tienes y que das por sentado, porque sabes que andan por ahí, pisando este mundo. Y te imaginas que están felices y que cuando "se den las cosas" habrá un tiempo para reunirse y platicar. Pues no, eso no pasa sin voluntad y a veces hace falta hasta más que eso. Hace falta invertir tiempo, recorrer distancia, posponer pendientes del trabajo o tiempo en casa.... Pero no es un sacrificio. Es tiempo que le dedicas a una buena platicada, a escuchar lo que pasa al otro, a desahogarte, a reír, a llorar, a estar al lado de los amigos, pues.
Así que quiero que este post sirva para decirle a mis amigos, a todos, que aquí estoy, aunque no siempre lo diga. Que los amo inmensamente, que disfruto su compañía, que soy feliz cuando los veo felices y me preocupo cuando sé que las cosas no andan bien. Que me alegro por sus éxitos, que quiero que sus sueños se cumplan, que me lleno de emoción y nostalgia al recordar las cosas que hemos pasado juntos. Que hay muchos planes en mi vida que quiero compartir con ustedes y de los que quiero que formen parte. Que quiero que sus vidas estén llenas de momentos felices y que les agradezco los consejos, los regaños, las alcahueteadas, las risas... todo. Y que procuraré estar más cerca, sin duda.
Y para los amigos que ahora son estrellas, un beso al cielo. Tengo la certeza de que forman parte de todo lo que nos rodea y de que no existen más límites para ellos. Basta cerrar los ojos para saber que están aquí, cuidando nuestros pasos. Y por eso, hay que estar felices. Hasta pronto!

27 de junio de 2011

Sabiduría de ama de casa

Ufff, ¡que semanas! He tenido muchísimo trabajo, y si a eso le sumamos que ya empezaron las lluvias triplicadoras de tráfico, el blog sufrió un muy doloroso abandono de 3 semanas. Pero, I'm back!

El tema de esta semana lo decidí hace unos 4 días. Sonó el despertador a las 6:30. Como muchas veces lo he contado, lo apagué y me dormí de nuevo. Volvió a sonar 10 minutos después, abrí el ojo, lo apagué por segunda vez y entonces sucedió. Mi mirada se desvió y ante mis ojos estaba... el bote de la ropa sucia (¡cha chaaaaan!). Ese bote maldito que, lleno al tope, me recordó que traía pendiente esa labor de ama de casa.

Tomé las riendas de este hogar hace 1 año 8 meses. Bueno, es relativo... Desde un principio, el novio y yo decidimos dividirnos las responsabilidades domésticas y, hasta ahora, ha funcionado perfecto. Sin embargo, creo que para ambos ha sido un proceso de aprendizaje. Así que, escribo esto para aquellos que me leen y no han tenido la tarea y el privilegio de llevar una casa.

Cuando me mudé con el maridovio, traía mentalidad "Martha Stewart". O sea, quería ser el ama de casa perfecta. Ser la reina de la decoración, la manualidad, las flores, los condimentos y la marinada. Por esa razón, en el primer super que hicimos en pareja me dí vuelo comprando verduras al por mayor, carne, pollo, puerco, sopas de pasta, ingredientes varios... Bueno, hagan de cuenta que en lugar de casa, era fonda con servicio para 75 comidas corridas. Pero olvidé un pequeño detalle: soy una mujer que trabaja. Y además, en aquel entonces, vivíamos allá por donde el viento da vuelta. Entonces, de eso de tener tiempo para cocinar, pues nada. Y en los momentos libres que tenía, muy honestamente, no me daban ganas ni de pelar un ejote. Obvio, medio super se fue a la basura, y fue tanto mi coraje y tanta mi culpa que decidí ser realista y comprender que ni queriendo iba a poder hacer mole de olla, croquetas de carne, caldo de pollo y chuletas con puré, todo en la misma semana. Ahora mis compras son mucho más prácticas y hasta económicas y los desperdicios son mínimos.

Otro aprendizaje, aunque suene obvio y cliché y demás, es que es básico negociar. En esto de la cohabitación no hay de que "por mis pistolas". Obvio, la base de las negociaciones es el amor, mis amigos, y las ganas de que los acuerdos funcionen para las dos partes. Resulta que Poncho es muy rápido y práctico en la cocinada y odia lavar trastes, y yo tardo más en cocinar y no tengo broncas con la lavadera. El acuerdo fue claro, el novio cocina y yo lavo. No importa si se ensucian 324 sartenes. Yo sé que el novio se encarga de nuestra alimentación y él sabe que cuando terminemos de comer, la cocina va a quedar como nueva. Es un acuerdo justo. Otro ejemplo, yo no sé planchar y a él le da flojera que la lavadora está en la azotea. Entonces, yo me encargo de que nuestra ropa esté limpia y él de que vayamos sin arrugas a trabajar.

Importante: los acuerdos son compromisos. Nada de que el otro cocinó, yo comí y los trastes se quedaron sucios 3 días. Respetar los compromisos es un acto de amor, que le demuestran a la otra persona que nos importa y que queremos vivir tranquilos y felices. Obviamente, hay veces que las cosas se complican, como ese día que el bote de la ropa sucia estaba lleno al tope, pero el punto es que, en el caso de Alfonso y mío, el que la casa funcione, es un compromiso que asumimos los dos, como equipo.

3er aprendizaje: la lana SÍ importa. Repito, SÍ importa. Es vital tener este tema platicado mucho, mucho, muuucho antes de dormir bajo el mismo techo. No importa el esquema que deseen adoptar (las opciones son muchísimas), es básico que ambas partes estén de acuerdo, y nuevamente, que se comprometan. Obviamente nada está firmado con sangre y si en el camino hay que hacer ajustes, se deben platicar y alinear claramente, antes de hacer cualquier cambio. Otra vez, partimos del punto de que la base de todo esto es el amor y la tranquilidad mutua. El novio y yo platicamos esto, lo hemos ajustado y como equipo, si alguno le falla o necesita algo,  se reorganiza la cosa. Por favor, no dejen que un tema que es tan frío (cuánto tenemos y para qué nos alcanza), sea un divisor. La lana es para disfrutarla y construir cosas juntos, no para acapararla, tener caja chica a escondidas o despilfarrarla en tonterías.

Bueno, pues para lo que pueda servirles, esas son algunas cosas que he aprendido en este tiempo. La verdad, el viaje de vivir en pareja puede ser maravilloso o una pesadilla, todo depende de cómo se trabaje. Entonces, ¡trabajemos para que sea una experiencia hermosa! Les dejo una cancioncita romanticona de Juan Luis Guerra y como siempre, les deseo bonita semana!

7 de junio de 2011

El color de mi nombre

Recuerdo que hace algunos añitos, platicando en la cafetería de la escuela con varios cuates, una amiga tomó la palabra y dijo: “Cuando pienso en mi nombre, en mi cabeza lo veo de color lila. ¿Ustedes no ven su nombre de colores?”. Obviamente nos atacamos de risa y le aconsejamos que abandonara el poder destructivo de las drogas. Y le tiramos carrilla por días.

Pero debo confesar que, en lo profundo de mi ser, me quedé pensando en su pregunta. ¿Acaso yo veía mi nombre de algún color? Lo medité por días y nada, puro blanco y negro. No sé cuándo me llegó la respuesta, pero un día cerré mis ojos y vi mi nombre color rojo.
Laura
De verdad, de verdad, no creo estar para nada loca. A lo mejor la pregunta de mi amiga abrió un candado en mi cabeza o algo, pero desde entonces hay muchas palabras que imagino en mi mente con un color asignado.

Por ejemplo, la palabra "pastel" siempre es de color rosa, supongo que por asociación con el betún clásico merengoso. Y una parte de mí culpa a César Costa  porque "sweater" sea una palabra amarilla. "Botana" no sólo es color naranja, sino que tiene la textura de un churrumais. La palabra "vaso" es roja y estoy segura de que es por el típico vaso rojo (de capacidad ideal para una cuba) que se usa en las fiestas. Y otra que tengo ubicadísima con el color verde es "México", creo que no hace falta explicar las razones.

Seguro hay más palabrillas por ahí, pero no pretendo hacer una listota. Mejor les recomiendo, como ejercicio creativo y hasta de relajación, que piensen palabras al azar y las vean en su mente. En una de esas descubren colorines por ahí. Aunque no lo crean, es muy divertido (y seguro algún psicólogo diría que también es muy revelador).

¡Espero que tengan excelente semana! Como siempre, les dejo una colorida canción y por aquí andamos para lo que me quieran compartir. ¡Gracias!


¡Oigan, por cierto! Cabe mencionar que algunos años después, supe que hay una cosa muy rara que le pasa a pocas personas en el mundo y que se llama "Sinestesia". Esto consiste, en palabras simples, en que hay individuos que pueden llegar a oír colores, ver sonidos o asignar un sabor a una determinada textura. Ya sé que suena a película churrera gringa, pero es real. Algo pasa químicamente en su cerebro y se les cruzan dos o más sentidos. Dudo mucho que sea mi caso, pero me pareció un dato interesante. Ahora sí, bonita semana.

30 de mayo de 2011

Las Cosas Sencillas


Antes que nada, pido una disculpa por no postear la semana pasada, pero en mi cabeza sólo cabía un pensamiento:


Y bueno, como supuse que no a todo mundo le iba a gustar leer un post entero dedicado a la alegría que tuve en mi alma y al regocijo de mi ser, opté por esperar a que pasara el furor y me llegará la inspiración sobre otra cosa.

Pero irónicamente, fue de este mismo tema de donde me vino la idea para mi post. Y es que, al igual que mucha gente, el domingo pasado, mientras experimentaba el nervio de ver a mis Pumas jugar la final y después la felicidad de que ganaran, escribí twits y posts en Facebook llenos de emoción, que lamentablemente no fueron tan bien recibidos por algunas personas del respetable. No faltó quien opinó que estaba de flojera que la gente se emocionara por un partido de futbol; también hubo comentarios acerca de lo ridículo que es que, aunque haya 3,000 desgracias en el mundo, hubiera personas que le dedicáramos nuestra atención a este juego. Los que dicen que la liga mexicana es un bodrio (y no digo que no lo sea), y que festejar que un equipo fuera campeón de la misma era un horror. Bueno, la lapidación total.

Pues mi humilde opinión es la siguiente: ¡me vale! Obviamente en el mundo pasan cosas horribles, ¿quién no lo sabe?. En nuestro propio país reina el caos. Sólo hace falta prender la tele o leer un periódico para enterarse de las tragedias que hay por todo el planeta y que a veces llevan a pensar que neta, este rollo sí se acaba en 2012. Ya había comentado antes que tengo una compulsión por la información. TENGO que saber lo que está pasando, en todos lados, todo el tiempo. Así que a mí nadie me cuenta ni me viene a platicar. Y es por esto mismo, por lo consciente que estoy de lo que pasa en el mundo, que me da gusto que todavía me alegren las cosas sencillas, pequeñas, banales, que pasan en la vida. Como por ejemplo, que al equipo al que apoyo desde que nací, desde que tengo memoria, desde que mi papá me llevaba al estadio y aprendí a gritar un goya, gane la final. Aunque la liga sea una caca, es mi equipo y es campeón, carambas.

Me emocionan mucho las flores bonitas y ver un colibrí volar en esta ciudad llena de contaminación y de trampas mortales para estos pajaritos. Disfruto cambiar la estación en el radio y cachar una canción que me guste desde el comienzo. Literalmente he aplaudido en el coche cuando eso pasa. Amo llegar a mi casa y que Figo me salude y se tire de panza y me besuqué la cara. Me hace olvidar el tráfico y las cosas feas que pudieron haber pasado durante el día.

Me encanta ese primer trago que le das a una Coca helada y que hace que hasta los ojos lloren. Y ni hablar de entrarle a ese postre para el que guardé un huequito en la comida. ¿Y saben qué? Si de pura casualidad me toca ver un arcoiris, puedo hasta llorar.

Así que, si en medio de todo lo malo que pasa, de las tragedias, las broncas, la rutina, se me da la gana llenar mi TL o mi wall de Facebook con comentarios de alegría por mis Pumas, estoy en mi derecho. Si les agrada, lo compartiremos, si no, considero que hay aprender a ser más ligeros, ignorar lo que no les interese o simplemente darle block a los comentarios. Pero por favor, ¡STOP BITCHING!

Bueno, ahora sí. Una vez habiendo sacado esto de mi pecho, le doy paso a la buena vibra y les dejo una canción linda para que se endulcen la semana. Por favor, escuchen, pongan atención. Las Pequeñas Cosas son importantes, ¡hay que estar atentos!


¡Gracias a todos por leer!

16 de mayo de 2011

¿10 cosas que odio de mí?

Hay un programa en Discovery H&H que se llama "10 cosas que odio de mí". Bueno, 10 es un número muy grande y la palabra "odio" es muy extrema... Lo vamos a dejar en "Mis 5 áreas de oportunidad". Aquí van.

1. Soy incapaz de levantarme a la primera.
Vaya, ni para salir de vacaciones. Sencillamente no hay modo de que suene el despertador y yo brinque de la cama. Y no importa si dormí 1 ó 15 horas, el tema no es de sueño. Es algo en mi cerebro que reclama los 5 minutos extra, (que, como ya había comentado antes, jamás son sólo 5). Es algo en mi cabeza que dice "¡no  importa! apaga el ruidito molesto, date la vuelta y sigue dormida". Esto ha hecho que tenga que poner 3 diferentes alarmas, la primera de ellas suena media hora antes de que deba levantarme, la segunda unos 15 minutos antes, y la tercera es de ya, ahorita. Bueno, las 3 sirven absolutamente para nada. Igual apago las 3, igual me regreso a dormir. Lo único que hice fue cortar mi sueño, mal dormir media hora, quedarme jetona por vayan ustedes a saber cuánto tiempo más y salir corriendo, tarde. ¿Acaso necesitaré un gallo cantando en mi ventana?

2. Desadministro mi dinero.
Tengo ya varios años ganando y gastando mi propia lana y todavía no le agarro la onda al tema de la administración personal. Y ni siquiera es un problema de compras compulsivas o inconscientes, en realidad no soy manirrota y creo que eso me ha salvado. Lo que sucede es que soy extremadamente mal administrada. Jamás tengo idea de cuánto dinero saqué del cajero, gasté en gasolina, pagué en la tiendita... En resumen, compro y pago y jamás supe qué pasó en medio. Lo que realmente me desespera de esto es que, por no tener disciplina monetaria, el asunto del ahorro queda en el triste olvido. Si no fuera por mi AFORE, mi ahorro ascendería a cero pesos. Seamos sinceros, nadie quiere trabajar para siempre y vivir pagando meses sin intereses hasta el infinito. Es por eso que quiero, necesito y me urge disciplinarme con los dineros y meterle orden a mi cartera.

3. Fashion sense, ¿dónde estás?
Probablemente esta es el área de oportunidad que más me frustra. O sea, tampoco es que como que haya llegado vestida de cisne a una fiesta (Björk-style), pero siento que mi onda es la no-onda. Creo que todo empieza porque no soy muy fijada en lo que visten otras personas de mi entorno, no acostumbro pasearme por tiendas nada mas porque sí y tampoco compro revistas de tendencias y diseñadores. Pero me sucede bastante seguido que, cuando me gusta algo que trae puesto alguien más, pienso "se le ve padrísimo, pero si yo lo hubiera visto en una tienda, no lo hubiera comprado". Es tristísimo. A veces creo que perdí el estilo por mis subidillas y bajadas de peso, porque no conservar una talla me complica conocer mi cuerpo y saber qué me queda y que no. Y además está el típico caso de "iba con una idea en mente y cuando llegué a la tienda, nada me gustó", y acabo comprando lo que me disgusta menos en lugar de lo que buscaba o lo que quede mejor. Total que creo que necesito desesperadamente alguien que me agarre de la mano y me diga "mira mijita, esto te queda bien, este es el corte que necesitas, ponte estos colores y ¡se feliz!" ¿Alguien se ofrece? ... ¿Por favoooor?

4. Alto? Latte? Light? Frío o caliente? Aaaaa!
Para mí, el infierno es un lugar donde tienes que tomar decisiones rápidas entre 543 opciones. Un lugar muy parecido a cualquier Starbucks o zapatería con más de 3 modelos de tacones del color que busco. Soy MUY indecisa. Cando hay muchas opciones como que me bloqueo, me presiono, se me olvida lo que buscaba originalmente, ya no sé si quiero ese color, ese tamaño o ese sabor... pfff. Después de algunos minutos de aturdimiento, acabo pidiendo algo que en el mejor de los casos me deja satisfecha, y en el peor, no tiene nada que ver con lo que estaba buscando. Me considero una persona con bastante claridad en mi cabecita y me re-choca no ser capaz de escoger un café o una blusa sin hiperventilarme y terminar pensando que esa no era la mejor opción. Necesito corregir esto, cuanto antes.

5. ¿Me lo pone para llevar?
Puedo dejar de comer frutas, verduras, carnes y leguminosas, pero jamás podría dejar de comer postre. No importa si ya estoy llena. No importa si tengo que dejar de comer algo más nutritivo para hacer espacio. No importa caer en el pecado de la gula. Importa que si no como postre siento que no comí. Obviamente esta no es la mejor estrategia cuida kilos que puede haber. Es deliciosa para el paladar, pero de prevenir la lonja, nada. El punto tampoco es dejar de comer mermeladita, chocolate y pan dulce de golpe, sino que me urge aprender a comer snacks dulces más saludables o postres menos calóricos (tipo gelatina en lugar de pastel tres leches). Y por el amor del cielo, no me vayan a decir que coma fruta. La fruta es fruta, ¡NO ES POSTRE!

Pues ahí están, 5 clarísimas áreas de oportunidad que tengo que atender cuanto antes. Pero por lo pronto, los dejo con una canción tributo a la glotonería que tenemos quienes gustamos del postre. Feliz semana!

4 de mayo de 2011

Los cuentos de hadas sí existen (Basado en una historia real)

Sucedió hace unos añitos ya. Forzosamente tenía que pasar más de una vez al día por su lugar porque me quedaba de camino a la impresora. La mera verdad, me gustó desde la primera vez que lo vi. Me pareció un muchachito muy serio y muy guapo. Y siempre traía unas camisas muy bonitas.

Con el paso de los días, noté claramente que este hombre se me empezaba a volver una verdadera obsesión. Me desesperaba tenerlo tan cerca y tan lejos, porque a pesar de que lo veía prácticamente todos los días, en realidad no había una razón válida por la cual hablarle. No lo conocía, no trabaja con él, no había tema que nos uniera. Como no sabía su nombre, fue bautizado con un apodo (que no diré porque no le gusta), y así me referí a él por mucho tiempo, pero todo fue mas bonito cuando averigüé cómo se llamaba, y más porque su nombre me gustó.

Ya sé que lo más sencillo hubiera sido detenerme un día y decirle "hola, mucho gusto", pero me era inconcebible. Algo muy extraño, porque siempre he sido una persona abierta, extrovertida y no tengo conflicto alguno para conocer gente nueva. Pero este caso era distinto. Este muchacho era como la criptonita para mi superpoder socializador. Y el caso se iba poniendo grave. Cada ida a la impresora era más compleja: me sudaban las manos, me temblaban las rodillas, y como sentía que se me congelaba la cara, ni sonreír podía. Nada más de pasar por esa esquina donde se sentaba, y que invariablemente olía a su loción, se me salía de ritmo el corazón. Yo era algo así como una quinceañera enamorada. La cosa es que ya me pasaba de esas por unos 12 añitos y a mi edad, esto ya era algo muy ridículo, ¡lo acepto!

Para no hacerles el cuento largo, después de otros bonitos episodios de pena, parálisis y casi hiperventilación, decidí ponerme en el mapa y di un primer paso. Me hubiera gustado darlo con más estilo, porque lo hice mediante un osazo, pero esa es otra historia. El punto es que, después de conocerlo, recobré mi habitual facilidad de palabra y se me bajó el stress. Dejó de ser una obsesión y pasó a ser un compañero de trabajo que me caía muy bien. Y claro, que seguía estando muy guapetón.

Meses después y por coincidencias de esta vida, acordamos salir de pachanga, mas bien en plan de amigos, pero ese fue el principio de una relación que va para 3 años. Sé que ninguno de los dos estábamos buscando esto en el camino, pero hicimos click, nuestras personalidades se ajustaron y creo firmemente que miramos para el mismo lado. Desde ese día y hasta la fecha no nos hemos vuelto a separar. Así pasan las cosas. Se me hizo realidad mi príncipe azul.

Todas las mañanas, desde hace año y medio, despierto junto a él en el hogar que compartimos y en mi corazón agradezco tantas bendiciones. Pienso en todas las cosas que hemos construido juntos y en los planes que nos faltan y me emociono mucho porque sé que trabajamos todos los días por mantenernos felices, estables y juntos. Y los problemas que por ahí andan, los afrontamos como lo que son, ¡tonterías prácticamente todas las veces!

Así que, que no les digan, que no les cuenten... Cuando uno menos se lo espera, te cae un regalo de la vida para demostrarte que soñar y echar suspiritos todavía vale la pena. Se los digo porque, hasta este día, puedo asegurar que mi particular cuanto de hadas sigue prolongando la parte de "y vivieron felices para siempre".

Les deseo una amorosa semana.




28 de abril de 2011

Soy futbolera


La gente que me conoce sabe que no miento. Soy bien futbolera y fanática, casi por igual, de soccer y americano.

Mi papá ve algo de fut nacional, pero más bien es seguidor(sísimo) del football americano. Desde que mi hermano y yo éramos chamaquitos, nos llevaba a ver juegos colegiales al estadio de Ciudad Universitaria. Recuerdo esos días con mucha nostalgia; levantarse temprano, llegar al estadio, ubicarnos siempre del lado del palomar y lo más centrados que se pudiera, la referencia era la yarda 50. Íbamos en familia y en bola, con tíos y primas. Ya sentados, nos desayunábamos unas deliciosas tortas de huevito con frijoles o mole que preparaban mi mamá y mi tía Paty. Las recuerdo como un verdadero manjar, y más porque nos las bajábamos con unas deliciosas Coca~Colas.

La verdad es que, en aquel entonces, mis primas y yo le poníamos más atención al equipo de porristas y sus coreografías que al juego, pero sin duda algo del deporte se me fue quedando. Además, mi papá también ve, hasta la fecha, football americano en casa. De agosto a febrero, los domingos están dedicados a los touchdowns y los goles de campo (cabe mencionar que a mi mamá esto no le hace tanta gracia). Por años fui su compañera dominguera para ver los juegos y la verdad, le agarré gusto. No tengo un equipo predilecto, pero sigo las temporadas. Amo las Monday Night Footballs porque le disminuyen como 10 rayitas de "lunes" a los lunes, y no me pierdo el Super Bowl cada año. No voy a hablar de las bondades del deporte porque que flojera, pero admiro la estrategia y la disciplina. Y me gustan los uniformes.

Respecto al soccer, yo diría que mi afición nació más por instinto de supervivencia. Fue algo así como "si no puedes con el enemigo, únete". Pero resultó que el enemigo terminó por conquistarme y ahora no imagino mi vida sin ver futbol. Esto tiene algo bueno: hay torneos todo el año y en todo el mundo. No hay tiempo de aburrirse cuando te gusta ver futbol. Y para mí, hay dos eventos gloriosos que suceden, intercalados, cada 2 años: la Eurocopa (el mejor futbol del mundo) y OBVIO, el Mundial. Las expectativas, la adrenalina, la emoción, la euforia con cada gol de la selección... ¡Ay, ya que sea el mundial del 2014!

Contrario al americano, aquí sí tengo un equipo de mis amores: soy Puma hasta el tuétano. Soy azul y oro hasta el último de mis poros. Soy Universitaria en esta vida y muy seguramente en las que vengan.

Heredé esta afición de mi padre, pero hoy la siento mía por derecho. Me he emocionado cuando ganan y he sufrido cuando pierden. Me he desesperado con temporadas para el olvido, pero también me ha tocado festejar varios campeonatos (y un bicampeonato, me permito recordarles) literalmente llorando de emoción. Incluso he renunciado a ir al estadio porque siempre que voy, mis Pumas pierden, y obviamente, prefiero festejar los triunfos desde mi casa y no buscarle 3 pies al gato. Y como cereza en el pastel, me encanta el diseño del Puma en la playera, y claro que tengo la mía.

Pues sí, soy futbolera. Muy futbolera. Pero eso sí, desde la comodidad de mi sillón, porque, aquí entre nos, estoy convencida de que, si yo jugara, sería cochina y ardida a más no poder. En el americano, tendría que estar en la defensiva, y sería algo así como una linebacker extra ruda. Y en el soccer, sería central, sin duda, y mi lema sería "no vas a pasar".

Así las cosas, les dejo una bonita melodía que cualquiera pensaría que escribieron pensando en mí. Todo cuadra, hasta la parte de las maldiciones, porque tengo que aceptar que cuando juega mi equipo, ni me busquen porque desconozco.

Bonita semana!


20 de abril de 2011

El hábito no hace al monje... ¿O sí?

No es novedad que los seres humanos creamos hábitos, con consciencia o sin ella. Existen algunos buenos, otros malos y otros raros; la realidad es que los hábitos son personalísimos y, en alguna medida, ayudan a definir a quien los practica. Esta es una lista de algunos de los míos, para que vean que cada persona es un mundo y ninguna cabeza se salva de tener mañas.

  • Carita limpia
No importa a qué hora (ni en qué condición) llegue a mi casa, siempre me alcanza la razón para quitarme el maquillaje. Aunque tenga flojera, aunque se me cierren los ojos, aunque me vea doble en el espejo, hago uso de mi algodoncito, mi líquido quita rimel y mi loción para la cara. Ha habido veces que estoy muy cansada, que incluso ya estoy metida en la cama; pero cuando cierro los ojos, me imagino mis poros tapados con maquillaje, llenos de mugre por andar todo el día en la calle, rodeada de smog. Pienso en las partículas de porquería voladora que hay en la ciudad y siento que me hiperventilo. Me imagino despertando con un amigo barro brotando en mi cara y me viene la angustia. Es ahí cuando pego el brinco de la cama y empiezo el ritual de belleza. Después del mini-facial, puedo dormir tranquila.

  • Coca Light helaaaada
Es pésimo hábito, yo lo sé. Descalcifica, mancha los dientes, daña la panza en más de un lugar... pero es un vicio. Así que como lo dije alguna vez en Twitter, no me juzguen por tomar Coca sin antes pensar que para mí, la Coca es como el café que muchos de ustedes no perdonan y se empinan cada mañana. Es como el cigarro que necesitan después de comer. Es como la cuba por la que mueren desde el jueves. Eso para mí es la Coca Light. Me la imagino helada en un vasito con hielos y, ¡ay mamacita, que antojo! Aún así, todos los días hago el intento de tomar menos Coca y entrarle más al agua, y aunque no siempre tengo éxito, cuando menos ya estoy en un esfuerzo consciente por bajarle al refresco. Espero lograrlo.

  • El huevito estrellado va con tortilla
Esto es sencillo: si voy a comer huevo estrellado (o frito, como quiera que le llamen), tiene que estar descansando en una tortillita de maíz. Así ha sido desde que era niña. En aquel entonces, hacía mi huevo taquito y pa' dentro; ahora me refiné un poco más y utilizo cubiertos. Pero el efecto es el mismo, el huevo estrellado con tortilla me recuerda mi infancia y me pone contenta.

  • Duermo con calcetines
No importa si hace calor o frío, si estoy en ciudad o playa, no puedo dormir sin calcetines. Mis pies se congelan y me despierto. Y al otro día, invariablemente amanezco con anginas inflamadas. Así que mi variedad de calcetines para dormir es amplia: cuando hace calor o en climas cálidos, tines delgaditos. Cuando hace frío, calcetas altas (sí, como de secundaria turno vespertino). Y hasta eso que procuro que hagan juego con mi pijama. Digo, si voy a matar la sensualidad, que sea con tines que combinen.

  • Soy adicta a masticar hielo
Esta es mi nueva adquisición. Ni sé cómo empezó, la cosa es que al día de hoy, no puedo pasar un día sin masticar algunos cubitos de crujiente hielo. Me viene bien, porque estamos en primavera, hace calor y se antoja algo fresco. Sin embargo, mis investigaciones indican que hay peligro con los dientes, pues se pueden quebrar. Y no sólo eso, resulta que esta adicción tiene nombre oficial, se llama "Pagofagia" y usualmente se relaciona con el padecimiento de anemia por falta de hierro. Ya tengo cita con mi doctora para atender esto, y seguro me mandaran complementos alimenticios, pero eso sí, la costumbre de entrarle al hielo, quién sabe si se me quite. Ese "crunch-crunch" cuando mastico, creo que ya es adicción.

Me parece un buen ejercicio analizar los hábitos que tenemos, buenos y malos, y reflexionar por qué los practicamos. No sólo para dejar costumbres nocivas o reforzar las buenas, sino incluso para descubrir potenciales problemas, como mi falta de hierro. Si no hubiera investigado por qué soy maniaca del hielo, este problema de salud se hubiera podido agravar.

Así que deténganse y piensen ¿por qué estoy haciendo esto?

Les dejo un comercial de mi amada Coca, que tiene un bonito mensaje y les deseo linda semana!



13 de abril de 2011

Yo nunca quise ser astronauta

Siendo niños es normal que juguemos a ser bomberos o astronautas, enfermeras o artistas... Pero, ¿qué tal cuando ya grandecitos, seguimos imaginando posibilidades diferentes para nuestra vida profesional? Con mucha, mucha risa, les comparto los lados B más extraños en los que me he visto, cuando me imagino en un mundo paralelo.

Agente SUPER Secreta

Debo confesar que ya no estaba tan escuincla cuando me sonó divertido ser agente secreta; seguro tenía más de 15 años. Todo empezó cuando vi un documental sobre la CIA, la Gestapo y el Mosad. Me pareció fascinante ser una agente encubierta, con muchas personalidades y pasaportes, viajando por el mundo en misiones, sin dejar rastro, sin una identidad real. Como una Mata Hari del año 2000, (sin la parte del striptease, obvio).

Sospecho que gran parte del encanto que yo veía, era más bien producto de la vida estable que llevaba entonces. Estudiante ñoña de prepa, buena hija, amigos, ni una bronca... Obviamente ser espía sonaba a aventura.

Pero el brillo se acabó cuando supuse que tendría que incorporarme a las filas de la PGR (no pude pensar en otro lugar) e imaginé mi carrera de "investigadora" empezando como judicial, con mi placa, mi panza, mi lente obscuro del tianguis y mi unidad con tumba burros y vidrio polarizado. De pronto eso de la espiada perdió todo el glamour... y jamás lo recuperó.

Cantante de Grupo Versátil

Sí, de las que cantan en bodas, XV años y graduaciones. De las que nos deleitan con "Amor de mis amores", "El Venao" y "La Boa". De las que forman parte de agrupaciones tales como "Confetti", "Fiesta Musical" y "Stelar Show".

Les confieso que este sueño no está olvidado. Siempre me ha gustado cantar y hasta eso que soy afinada. Obviamente me falta escuela, nunca he estudiado seriamente y por el momento, sólo canto en mi coche, la regadera, y algunas veces (cuando se me van las cabras), en la oficina.

Pero una vez teniendo la voz educada y habiendo formado mi grupo pastelero, podría darle rienda suelta a la diversión. Y es que yo le veo muchas ventajas:
- Cantas puro éxito de ayer y hoy.
- No quiero ganar un Grammy o disco de platino, por lo que adiós a la presión de vender CDs y componer hitazos.
- ¿Vestuario? Con ir manteniendo un amplio repertorio de vestidos, pantalones y blusas negras puedo trabajar todo el año, la década y el siglo.
- Nada de pagar coreógrafos o cuerpo de baile. Prácticamente las canciones te llevan de la mano! ("Todos para abajo, todos para arriba". Listo, ahí está el baile montado). En cuanto a los bailarines, para eso están los 250 invitados a la pachanga que, ya con algunas cucharadas encima, te siguen obedientemente.

Pero como nada es perfecto, hay dos contras que pesan mucho y que hacen que me la piense muy en serio:
- Eso de trabajar en las noches los fines de semana, seguro interfiere con la vida personal y familiar. Por eso las cantantes siempre son la esposa del guitarrista o el baterista del grupo, y pues, este no sería mi caso.
- La cena / comida es parte de las prestaciones del grupo. Y siendo sinceros, ¿cuántos fines de semana podría yo ingerir crema de chile poblano/elote/champiñones y pechuga de pollo bañada en algún gravy, acompañada de verduras o puré de papa, antes de querer vomitar?

Así las cosas, es probable que jamás deje el mundo corporativo para dedicarme al show, pero una cosa sí les digo: cuando menos una vez en la vida me gustaría estar arriba de un escenario y cantarle a la concurrencia "aaaay, no hay que lloraaar, que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando". Palabras muy ciertas, además.

Patinadora Profesional

Quiero dar una mención honorífica a este punto. Siempre me ha gustado el patinaje sobre hielo, no me lo pierdo en las olimpiadas y si me encuentro algún torneo en la TV, le dejo a ese canal. Pero jamás, ni en mis sueños más guajiros, pensé dedicarme a esto.

Por eso es muy extraño que SIEMPRE que escucho el himno de la UEFA Champions League, me imagino patinando cual campeona mundial, dando saltos y piruetas. ¿Por qué?, ni idea. Pero es hasta emocionante.

Cabe mencionar que la última vez que patiné en hielo, mi desempeño se parecía más a Bambi aprendiendo a caminar, que a Kristi Yamaguchi ganando medalla olímpica.

Bueno, pues ese es mi recuento. La mente es muy extraña, como podrán ver. Ahora es su turno, y me daría mucho gusto que me compartieran sus profesiones alternas soñadas. Les deseo muy buena semana, y esta vez les dejo dos canciones: el himno de la Champions, para que me imaginen ganando medalla de oro, y mi favorita para bailar en bodas, cortesía de la Diosa de la Cumbia.

Saludos!

 

7 de abril de 2011

Ya no quiero vivir cansada!


No sé ustedes, pero estoy harta de ir corriendo y con prisa a todos lados. Y ni hablar del cansancio, de pesadilla. No voy a profundizar sobre lo obvio (la ciudad es un caos, vivir aquí es imposible, no da tiempo de nada), porque ese rollo está más choteado que las canciones de Luis Miguel. Mejor diré que tengo mucha responsabilidad en esto y debería buscar un remedio.


Según veo, hay dos explicaciones para que su servidora vaya por la vida contra reloj y, la mayor parte del tiempo, totalmente agotada: 1. la falta de energía en mi ser y 2. la sabrosa concha. Y ambas van bien de la manita.


La falta de energía es un círculo vicioso. He argumentado muchas veces los típicos "no tengo tiempo para hacer ejercicio!", "estoy muy cansada para ir al gimnasio", "a duras penas puedo con trabajo y casa" y ese tipo de frases tan hermosas con las que uno justifica la inactividad. Y mientras menos hago, menos quiero hacer.


Respecto a la sabrosa concha, pues es lógico, Si no tengo energía, opto por hacer conchita en mi cama todas las mañanas. Los famosos 5 minutos se convierten en media hora más seguido de lo que quisiera. Resultado: yo corriendo como pollo sin cabeza, arreglándome como loca, sin desayunar, echando rayos y centellas en el tráfico y llegando safe al trabajo. En la noche, regreso a casa en calidad de bulto y caigo en la cama con tanto cansancio, que irónicamente, a veces me cuesta trabajo dormir. Que horror.


La realidad es que mientras más movamos el cuerpito, más energía tendremos. Y es lógico, todo el organismo se activa y funciona; digestión, corazón, respiración, circulación, todo se pone al tiro. El estrés disminuye, se regula el sueño, y bueno, con las pompa parada y la panza plana, la autoestima va pa' arriba!


Sí, el primer día estará muy rudo (bueno, tal vez las primeras semanas), pero después el mismo cuerpo lo va a pedir. Y con la nueva energía que correrá por nuestro ser, ya no sentiremos que levantarnos en la mañana es una mentada de madre, ni que traemos la piedra del Pípila en la espalda al final del día. La concha mañanera será substituida por brincos de la cama y hasta de buenas andaremos. 


Suena bien, no? Bueno, pues aquí no hay receta mágica. Mi plan es de verdad convencer a mi mente de lo que acabo de escribir y que sé perfectamente, pero que, por alguna esotérica razón (sospecho que flojera), no llevo a la acción. Después, planeo repasar y adoptar los 5 puntos de los que les platicaba en el post "Ch-ch-ch-changes" y ponerlos en práctica. Espero estar manos a la obra en un mes, cuando mucho. Ya les iré contando sobre mi progreso.


De nuevo, les deseo constancia y éxito con sus objetivos. Sé perfectamente el trabajo que cuesta decidir entre gimnasio y ensalada o la cama y pizza, pero también he vivido las mieles de ponerte 2 tallas menos y tener ganas de salir a la calle a bailar y cantar. Así que por ese sentimiento glorioso, a energetizar el cuerpo!


Bonita semana para todos!




(PD. Sí, la canción del post es real. Yo también pensaba que era leyenda urbana, pero miren nomás! Apareció en YouTube!).

31 de marzo de 2011

De haberlo sabido hace 10 años...

Todos tenemos una lista, con suerte corta, de lo que nos hubiera gustado saber siendo más jóvenes, básicamente para ahorrarnos tristezas, lágrimas, tropezones y hasta tiempo. Pero la idea no es repasar lastimosamente la lista y sufrir o azotarnos por lo que no supimos entonces. Mejor hay que estar contentos por lo que sabemos ahora. ¡Eso quiere decir que aprendimos algo de nuestras experiencias! Así que, con alegría, les comparto 3 de mis "hubiera":

-  A los 20, como tooodos, me sentía la más madura de las adultas; opinaba de todo cual experta y daba consejos sentimentales como si fuera la mejor Doctora Corazón. Aunque es parte del crecimiento, de verdad me hubiera gustado ser menos... sácale-punta (así así). Afortunadamente la edad y las experiencias bajan los humos y hoy entiendo que es mejor tener la cabeza y los ojos bien abiertos, porque cuando crees que dominas todo, la vida te sorprende. Y me parece que es parte del disfrute de vivir, porque esas sorpresas suelen ser más buenas que malas.

-  Lean bien: lo que no te gusta de esa persona, ahí estará para siempre; difícilmente desaparece o cambia. En el mejor de los casos te acostumbras y apechugas. En el peor, se acentúa cada vez más y te saca de tus casillas. Así que si una voz interna les grita que algo no está bien, ¡escuchen! No inviertan energía emocional en el torbellino de los pleitos, del desgaste o de tapar el sol con un dedo. Me hubiera gustado saber que el drama es INNECESARIO, y que pasando la inevitable tristeza, puede venir una vida mejor. (En mi caso, una vida tranquila llena de momentos felices).

-  Escoger profesión es algo serio y requiere de investigación y autoconocimiento. Sé que la edad en la que uno toma esa decisión es muy compleja, porque todavía no se tiene la personalidad bien formada ni se es al 100% el adulto que se llegará a ser. Sin embargo, no se debe ser negligente y optar por lo sencillo ni seguir modas o tradiciones familiares. Yo pasé por una equivocación vocacional que afortunadamente corregí rápido, pero me hubiera gustado investigar mucho mejor desde un principio y ahorrar tiempo y desilusiones (y dinero).

Espero que el análisis de sus "hubiera" sea una experiencia positiva, donde descubran que eso que en su pasado fue un atorón o un paso doloroso, ahora es un aprendizaje. Y como el tiempo no se detiene, con suerte nos veremos dentro de 10 años para descubrir qué cosas nos hubiera gustado saber hoy. Mientras tanto, les dejo la canción del post. ¡Disfruten!



23 de marzo de 2011

Ch-ch-ch-changes.


Nunca he sido buena enfrentando cambios; creo que no me gustan. Aunque seguramente no soy diferente del resto de la humanidad. A todos nos cae bien sentirnos cómodos con lo que hacemos, y así nos vamos acostumbrando a la rutina y entramos en la mentada "zona de confort". 

La cosa es que un día despiertas y dices "aquí está otra vez lo mismo de siempre, que me sé de memoria, que ya me tiene harta y que me mata de flojera". Y hay de 2 sopas, o ignoras la inquietud y te estancas o das el pasito para adelante y te arriesgas. Nada más que cambiar, muchas veces da miedo.

Sin embargo, ya no hay para atrás. Cuando te caen ese tipo de veintes, es como abrir una puerta y asomarte. Ya viste lo que hay del otro lado y no puedes hacerte guaje. Siempre podrás decidir no hacer nada, claro, pero de que sabes que hay algo mal, ya lo sabes.

Cambiar implica muchas cosas, algunas superfluas, como modificar la forma de vestir o la ruta que se sigue para llegar a un lugar, hasta otras más complejas, como dejar un mal hábito o empezar uno bueno, reeducar la mente, recuperar la autoestima. 

No soy experta ni pretendo descubrir el hilo negro, pero aquí les paso unos consejos que me fueron compartidos y que creo que son útiles para el tema de los cambios:

1. Hay que ponerse metas cortas y alcanzables, del tipo "hoy voy a tomar 3 vasos de agua", "hoy me acuesto a las 10:30", "hoy no fumo".

2. No pretendamos cambiar TODO al mismo tiempo. Decir "a partir de hoy voy a tomar agua y comer verduras y hacer ejercicio y dormirme temprano y llamar a mis amigos y dejar de sentir culpa y bla bla bla..." es la manera perfecta de sabotear una genuina intención de cambio.

3. Es mejor buscar aliados. Cuando se tienen cómplices que acompañan el proceso de cambio, es más probable que haya éxito. Hay que acudir a ellos en momentos de debilidad, pero también para compartir éxitos y tips que nos hayan funcionado.

4. Ni modo, hay que aceptar que hay tropiezos. Esto no es magia y nadie es perfecto, todos podemos caer en la tentación y regarla. Lo importante aquí es recuperar el ánimo y retomar donde nos quedamos. Nada de tirar la toalla!

5. Buscar inspiración. Todos conocemos historias de éxito o gente que admiramos y queremos tomar como ejemplo. Incluso pueden ser películas, canciones, libros... Lo que sea que nos inspire y nos marque una meta. Esta inspiración es una especie de ancla que nos afianza en nuestro objetivo.

Y para empezar con la inspirada, les dejo un comercial que me funciona perfecto y que habla del coraje que hay que buscar dentro de uno mismo. Yo voy por un par de kilitos menos y algunos litros de agua de más, así que a picarle play y vamos para adelante! Éxito para todos en sus batallas personales!

15 de marzo de 2011

Ataque de tos




El sábado me acordé de mi Bisabuela Nena. Me vino a la mente y ya me andaba atacando el ojo remi. Pero fue sólo un segundo, porque inmediatamente recordé las cosas importantes que me quedan de ella y que son totalmente opuestas a la tristeza.


Su risa. La bisabuela siempre tuvo una risa profundamente ronca, que acababa en ataque de tos. De verdad, parecía que se iba a ahogar, pero se reía con ganas. ¿Qué mejor prueba del gozo que reír aun cuando la respiración se está cortando, a tal grado que acaba siendo necesario que alguien más te levante el brazo izquierdo y te de golpecitos en la espalda? ¡Así quiero reír siempre! Brincar la sensación de ahogo con más risa.

Siempre estaba arreglada. Juro que, aunque pasaba los 90 años, siempre estaba polveada, con labios pintados y su pelo cortito adornado con una diadema. No hay duda, si te ves bien, te sientes mejor. Invertir tiempo en el arreglo personal es una muestra de autoestima y levanta el ánimo. Y no es tema de enchongarse todos los días, es cuestión de verte en el espejo y decir “este momento del día lo voy a dedicar a verme bonita”.

Tenía fe y fortaleza. Mi bisabuela se casó a los 14 y enviudó a los 20; tenía 4 hijos chiquitos. Sufrió la muerte de un hijo pequeño y la de su primera hija, siendo ya una mujer mayor. Jamás perdió la fortaleza ni la fe. Aceptó y continuó. Y no dejó de reír, trabajar o vivir. Se casó de nuevo cuando sus hijos hicieron sus vidas, estuvo cerca de la enorme familia que encabezó y me atrevería a decir, que vivió una vida larga y plena.

Se daba sus gustos. Si cierro mis ojos, la puedo ver platicando, sonriente, con cigarro y tequila en mano. La bisabuela disfrutaba sus gustitos. Jamás fue borracha ni fumó como chacuaca, pero disfrutaba del cigarrito y su tequila. Si al final del día todos vamos para la tumba, que pesadilla ser un cadáver tan sano. Así como ella, sin abusar, ¡vengan los gustitos! ¡Una chela los domingos, una garnacha de vez en cuando!

Mi bisabuela dejó esta vida a los 99 años y su alma continuó su camino. Es doloroso porque la extrañamos, pero dejó una familia que hasta este momento llega a los tataranietos. Soy parte de ese enorme árbol del que fue raíz, y mi compromiso es tratar de vivir como ella. Porque si heredé sus genes longevos, me esperan muuuchos años por delante… Muchos tequilitas y risas tan fuertes que espero que acaben siempre en ataques de tos.

3 de marzo de 2011

Recuperando la Esperanza


Antes que nada, me quiero dar la auto-bienvenida al mundo de los bloggeros, estoy emocionada. Leo varios desde hace tiempo, y por fin me animé a abrir el propio, con la ilusión de que lo que tenga que decir resulte inspirador.
Hace un poco más de un año estaba metida en lo que se diagnosticó como “síndrome del abatimiento”, que aunque no llegaba a ser depresión, sí me llenaba de sentimientos desesperanzadores con respecto al futuro. El mundo andaba (y anda) mal, nuestro país peor. Aunque suene raro, se me juntaron asuntos como la Guardería ABC, el asesinato de Villas de Salvarcar, la insufrible Guerra contra el narco, después vinieron los sismos de Haiti y Chile, el derrame petrolero… Bueno, todo me pegaba.
Desde niña tengo una voz dentro de mí que me dice que el mundo es muy grande y no se trata nada más de lo que me pasa directamente; tengo una “conciencia” que hace que abra los ojos a lo que pasa en otros lugares. A eso súmenle que sufro de compulsión por la información, de todo me entero y todo me afecta.
Opté por ayudarme de la manera más lógica, dejé de ver noticieros y leer periódicos. Como bien dicen, ojos que no ven, corazón que no siente. Es imposible abstraerse del mundo, me llegaban cosas, pero por varios meses me desconecté del entorno noticioso, hasta mis contactos en Twitter cambiaron, me mudé de “periodistas y analistas” a “creativos y chistines”, como para darme un saborcito más dulce en la vida, y funcionó, neta!
Y estando en esas del ja-ja-ja, me re-encontré con un video, que así de simple como suena, me trajo calma y hasta podría decir que recuperé mi esperanza en la humanidad. Algunos de ustedes lo habrán visto ya, pero lo comparto esperando que los llene del mismo sentimiento que tuve yo, alegría. Al final, la mayoría de la gente quiere ser feliz, busca compañía para amar, trabaja para avanzar en la vida y baila, sin pena, por el puro gusto de divertirse.
Como dice la frase célebre de este blog: “Believe that most people are doing the best they can to be happy”.