28 de abril de 2011

Soy futbolera


La gente que me conoce sabe que no miento. Soy bien futbolera y fanática, casi por igual, de soccer y americano.

Mi papá ve algo de fut nacional, pero más bien es seguidor(sísimo) del football americano. Desde que mi hermano y yo éramos chamaquitos, nos llevaba a ver juegos colegiales al estadio de Ciudad Universitaria. Recuerdo esos días con mucha nostalgia; levantarse temprano, llegar al estadio, ubicarnos siempre del lado del palomar y lo más centrados que se pudiera, la referencia era la yarda 50. Íbamos en familia y en bola, con tíos y primas. Ya sentados, nos desayunábamos unas deliciosas tortas de huevito con frijoles o mole que preparaban mi mamá y mi tía Paty. Las recuerdo como un verdadero manjar, y más porque nos las bajábamos con unas deliciosas Coca~Colas.

La verdad es que, en aquel entonces, mis primas y yo le poníamos más atención al equipo de porristas y sus coreografías que al juego, pero sin duda algo del deporte se me fue quedando. Además, mi papá también ve, hasta la fecha, football americano en casa. De agosto a febrero, los domingos están dedicados a los touchdowns y los goles de campo (cabe mencionar que a mi mamá esto no le hace tanta gracia). Por años fui su compañera dominguera para ver los juegos y la verdad, le agarré gusto. No tengo un equipo predilecto, pero sigo las temporadas. Amo las Monday Night Footballs porque le disminuyen como 10 rayitas de "lunes" a los lunes, y no me pierdo el Super Bowl cada año. No voy a hablar de las bondades del deporte porque que flojera, pero admiro la estrategia y la disciplina. Y me gustan los uniformes.

Respecto al soccer, yo diría que mi afición nació más por instinto de supervivencia. Fue algo así como "si no puedes con el enemigo, únete". Pero resultó que el enemigo terminó por conquistarme y ahora no imagino mi vida sin ver futbol. Esto tiene algo bueno: hay torneos todo el año y en todo el mundo. No hay tiempo de aburrirse cuando te gusta ver futbol. Y para mí, hay dos eventos gloriosos que suceden, intercalados, cada 2 años: la Eurocopa (el mejor futbol del mundo) y OBVIO, el Mundial. Las expectativas, la adrenalina, la emoción, la euforia con cada gol de la selección... ¡Ay, ya que sea el mundial del 2014!

Contrario al americano, aquí sí tengo un equipo de mis amores: soy Puma hasta el tuétano. Soy azul y oro hasta el último de mis poros. Soy Universitaria en esta vida y muy seguramente en las que vengan.

Heredé esta afición de mi padre, pero hoy la siento mía por derecho. Me he emocionado cuando ganan y he sufrido cuando pierden. Me he desesperado con temporadas para el olvido, pero también me ha tocado festejar varios campeonatos (y un bicampeonato, me permito recordarles) literalmente llorando de emoción. Incluso he renunciado a ir al estadio porque siempre que voy, mis Pumas pierden, y obviamente, prefiero festejar los triunfos desde mi casa y no buscarle 3 pies al gato. Y como cereza en el pastel, me encanta el diseño del Puma en la playera, y claro que tengo la mía.

Pues sí, soy futbolera. Muy futbolera. Pero eso sí, desde la comodidad de mi sillón, porque, aquí entre nos, estoy convencida de que, si yo jugara, sería cochina y ardida a más no poder. En el americano, tendría que estar en la defensiva, y sería algo así como una linebacker extra ruda. Y en el soccer, sería central, sin duda, y mi lema sería "no vas a pasar".

Así las cosas, les dejo una bonita melodía que cualquiera pensaría que escribieron pensando en mí. Todo cuadra, hasta la parte de las maldiciones, porque tengo que aceptar que cuando juega mi equipo, ni me busquen porque desconozco.

Bonita semana!


20 de abril de 2011

El hábito no hace al monje... ¿O sí?

No es novedad que los seres humanos creamos hábitos, con consciencia o sin ella. Existen algunos buenos, otros malos y otros raros; la realidad es que los hábitos son personalísimos y, en alguna medida, ayudan a definir a quien los practica. Esta es una lista de algunos de los míos, para que vean que cada persona es un mundo y ninguna cabeza se salva de tener mañas.

  • Carita limpia
No importa a qué hora (ni en qué condición) llegue a mi casa, siempre me alcanza la razón para quitarme el maquillaje. Aunque tenga flojera, aunque se me cierren los ojos, aunque me vea doble en el espejo, hago uso de mi algodoncito, mi líquido quita rimel y mi loción para la cara. Ha habido veces que estoy muy cansada, que incluso ya estoy metida en la cama; pero cuando cierro los ojos, me imagino mis poros tapados con maquillaje, llenos de mugre por andar todo el día en la calle, rodeada de smog. Pienso en las partículas de porquería voladora que hay en la ciudad y siento que me hiperventilo. Me imagino despertando con un amigo barro brotando en mi cara y me viene la angustia. Es ahí cuando pego el brinco de la cama y empiezo el ritual de belleza. Después del mini-facial, puedo dormir tranquila.

  • Coca Light helaaaada
Es pésimo hábito, yo lo sé. Descalcifica, mancha los dientes, daña la panza en más de un lugar... pero es un vicio. Así que como lo dije alguna vez en Twitter, no me juzguen por tomar Coca sin antes pensar que para mí, la Coca es como el café que muchos de ustedes no perdonan y se empinan cada mañana. Es como el cigarro que necesitan después de comer. Es como la cuba por la que mueren desde el jueves. Eso para mí es la Coca Light. Me la imagino helada en un vasito con hielos y, ¡ay mamacita, que antojo! Aún así, todos los días hago el intento de tomar menos Coca y entrarle más al agua, y aunque no siempre tengo éxito, cuando menos ya estoy en un esfuerzo consciente por bajarle al refresco. Espero lograrlo.

  • El huevito estrellado va con tortilla
Esto es sencillo: si voy a comer huevo estrellado (o frito, como quiera que le llamen), tiene que estar descansando en una tortillita de maíz. Así ha sido desde que era niña. En aquel entonces, hacía mi huevo taquito y pa' dentro; ahora me refiné un poco más y utilizo cubiertos. Pero el efecto es el mismo, el huevo estrellado con tortilla me recuerda mi infancia y me pone contenta.

  • Duermo con calcetines
No importa si hace calor o frío, si estoy en ciudad o playa, no puedo dormir sin calcetines. Mis pies se congelan y me despierto. Y al otro día, invariablemente amanezco con anginas inflamadas. Así que mi variedad de calcetines para dormir es amplia: cuando hace calor o en climas cálidos, tines delgaditos. Cuando hace frío, calcetas altas (sí, como de secundaria turno vespertino). Y hasta eso que procuro que hagan juego con mi pijama. Digo, si voy a matar la sensualidad, que sea con tines que combinen.

  • Soy adicta a masticar hielo
Esta es mi nueva adquisición. Ni sé cómo empezó, la cosa es que al día de hoy, no puedo pasar un día sin masticar algunos cubitos de crujiente hielo. Me viene bien, porque estamos en primavera, hace calor y se antoja algo fresco. Sin embargo, mis investigaciones indican que hay peligro con los dientes, pues se pueden quebrar. Y no sólo eso, resulta que esta adicción tiene nombre oficial, se llama "Pagofagia" y usualmente se relaciona con el padecimiento de anemia por falta de hierro. Ya tengo cita con mi doctora para atender esto, y seguro me mandaran complementos alimenticios, pero eso sí, la costumbre de entrarle al hielo, quién sabe si se me quite. Ese "crunch-crunch" cuando mastico, creo que ya es adicción.

Me parece un buen ejercicio analizar los hábitos que tenemos, buenos y malos, y reflexionar por qué los practicamos. No sólo para dejar costumbres nocivas o reforzar las buenas, sino incluso para descubrir potenciales problemas, como mi falta de hierro. Si no hubiera investigado por qué soy maniaca del hielo, este problema de salud se hubiera podido agravar.

Así que deténganse y piensen ¿por qué estoy haciendo esto?

Les dejo un comercial de mi amada Coca, que tiene un bonito mensaje y les deseo linda semana!



13 de abril de 2011

Yo nunca quise ser astronauta

Siendo niños es normal que juguemos a ser bomberos o astronautas, enfermeras o artistas... Pero, ¿qué tal cuando ya grandecitos, seguimos imaginando posibilidades diferentes para nuestra vida profesional? Con mucha, mucha risa, les comparto los lados B más extraños en los que me he visto, cuando me imagino en un mundo paralelo.

Agente SUPER Secreta

Debo confesar que ya no estaba tan escuincla cuando me sonó divertido ser agente secreta; seguro tenía más de 15 años. Todo empezó cuando vi un documental sobre la CIA, la Gestapo y el Mosad. Me pareció fascinante ser una agente encubierta, con muchas personalidades y pasaportes, viajando por el mundo en misiones, sin dejar rastro, sin una identidad real. Como una Mata Hari del año 2000, (sin la parte del striptease, obvio).

Sospecho que gran parte del encanto que yo veía, era más bien producto de la vida estable que llevaba entonces. Estudiante ñoña de prepa, buena hija, amigos, ni una bronca... Obviamente ser espía sonaba a aventura.

Pero el brillo se acabó cuando supuse que tendría que incorporarme a las filas de la PGR (no pude pensar en otro lugar) e imaginé mi carrera de "investigadora" empezando como judicial, con mi placa, mi panza, mi lente obscuro del tianguis y mi unidad con tumba burros y vidrio polarizado. De pronto eso de la espiada perdió todo el glamour... y jamás lo recuperó.

Cantante de Grupo Versátil

Sí, de las que cantan en bodas, XV años y graduaciones. De las que nos deleitan con "Amor de mis amores", "El Venao" y "La Boa". De las que forman parte de agrupaciones tales como "Confetti", "Fiesta Musical" y "Stelar Show".

Les confieso que este sueño no está olvidado. Siempre me ha gustado cantar y hasta eso que soy afinada. Obviamente me falta escuela, nunca he estudiado seriamente y por el momento, sólo canto en mi coche, la regadera, y algunas veces (cuando se me van las cabras), en la oficina.

Pero una vez teniendo la voz educada y habiendo formado mi grupo pastelero, podría darle rienda suelta a la diversión. Y es que yo le veo muchas ventajas:
- Cantas puro éxito de ayer y hoy.
- No quiero ganar un Grammy o disco de platino, por lo que adiós a la presión de vender CDs y componer hitazos.
- ¿Vestuario? Con ir manteniendo un amplio repertorio de vestidos, pantalones y blusas negras puedo trabajar todo el año, la década y el siglo.
- Nada de pagar coreógrafos o cuerpo de baile. Prácticamente las canciones te llevan de la mano! ("Todos para abajo, todos para arriba". Listo, ahí está el baile montado). En cuanto a los bailarines, para eso están los 250 invitados a la pachanga que, ya con algunas cucharadas encima, te siguen obedientemente.

Pero como nada es perfecto, hay dos contras que pesan mucho y que hacen que me la piense muy en serio:
- Eso de trabajar en las noches los fines de semana, seguro interfiere con la vida personal y familiar. Por eso las cantantes siempre son la esposa del guitarrista o el baterista del grupo, y pues, este no sería mi caso.
- La cena / comida es parte de las prestaciones del grupo. Y siendo sinceros, ¿cuántos fines de semana podría yo ingerir crema de chile poblano/elote/champiñones y pechuga de pollo bañada en algún gravy, acompañada de verduras o puré de papa, antes de querer vomitar?

Así las cosas, es probable que jamás deje el mundo corporativo para dedicarme al show, pero una cosa sí les digo: cuando menos una vez en la vida me gustaría estar arriba de un escenario y cantarle a la concurrencia "aaaay, no hay que lloraaar, que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando". Palabras muy ciertas, además.

Patinadora Profesional

Quiero dar una mención honorífica a este punto. Siempre me ha gustado el patinaje sobre hielo, no me lo pierdo en las olimpiadas y si me encuentro algún torneo en la TV, le dejo a ese canal. Pero jamás, ni en mis sueños más guajiros, pensé dedicarme a esto.

Por eso es muy extraño que SIEMPRE que escucho el himno de la UEFA Champions League, me imagino patinando cual campeona mundial, dando saltos y piruetas. ¿Por qué?, ni idea. Pero es hasta emocionante.

Cabe mencionar que la última vez que patiné en hielo, mi desempeño se parecía más a Bambi aprendiendo a caminar, que a Kristi Yamaguchi ganando medalla olímpica.

Bueno, pues ese es mi recuento. La mente es muy extraña, como podrán ver. Ahora es su turno, y me daría mucho gusto que me compartieran sus profesiones alternas soñadas. Les deseo muy buena semana, y esta vez les dejo dos canciones: el himno de la Champions, para que me imaginen ganando medalla de oro, y mi favorita para bailar en bodas, cortesía de la Diosa de la Cumbia.

Saludos!

 

7 de abril de 2011

Ya no quiero vivir cansada!


No sé ustedes, pero estoy harta de ir corriendo y con prisa a todos lados. Y ni hablar del cansancio, de pesadilla. No voy a profundizar sobre lo obvio (la ciudad es un caos, vivir aquí es imposible, no da tiempo de nada), porque ese rollo está más choteado que las canciones de Luis Miguel. Mejor diré que tengo mucha responsabilidad en esto y debería buscar un remedio.


Según veo, hay dos explicaciones para que su servidora vaya por la vida contra reloj y, la mayor parte del tiempo, totalmente agotada: 1. la falta de energía en mi ser y 2. la sabrosa concha. Y ambas van bien de la manita.


La falta de energía es un círculo vicioso. He argumentado muchas veces los típicos "no tengo tiempo para hacer ejercicio!", "estoy muy cansada para ir al gimnasio", "a duras penas puedo con trabajo y casa" y ese tipo de frases tan hermosas con las que uno justifica la inactividad. Y mientras menos hago, menos quiero hacer.


Respecto a la sabrosa concha, pues es lógico, Si no tengo energía, opto por hacer conchita en mi cama todas las mañanas. Los famosos 5 minutos se convierten en media hora más seguido de lo que quisiera. Resultado: yo corriendo como pollo sin cabeza, arreglándome como loca, sin desayunar, echando rayos y centellas en el tráfico y llegando safe al trabajo. En la noche, regreso a casa en calidad de bulto y caigo en la cama con tanto cansancio, que irónicamente, a veces me cuesta trabajo dormir. Que horror.


La realidad es que mientras más movamos el cuerpito, más energía tendremos. Y es lógico, todo el organismo se activa y funciona; digestión, corazón, respiración, circulación, todo se pone al tiro. El estrés disminuye, se regula el sueño, y bueno, con las pompa parada y la panza plana, la autoestima va pa' arriba!


Sí, el primer día estará muy rudo (bueno, tal vez las primeras semanas), pero después el mismo cuerpo lo va a pedir. Y con la nueva energía que correrá por nuestro ser, ya no sentiremos que levantarnos en la mañana es una mentada de madre, ni que traemos la piedra del Pípila en la espalda al final del día. La concha mañanera será substituida por brincos de la cama y hasta de buenas andaremos. 


Suena bien, no? Bueno, pues aquí no hay receta mágica. Mi plan es de verdad convencer a mi mente de lo que acabo de escribir y que sé perfectamente, pero que, por alguna esotérica razón (sospecho que flojera), no llevo a la acción. Después, planeo repasar y adoptar los 5 puntos de los que les platicaba en el post "Ch-ch-ch-changes" y ponerlos en práctica. Espero estar manos a la obra en un mes, cuando mucho. Ya les iré contando sobre mi progreso.


De nuevo, les deseo constancia y éxito con sus objetivos. Sé perfectamente el trabajo que cuesta decidir entre gimnasio y ensalada o la cama y pizza, pero también he vivido las mieles de ponerte 2 tallas menos y tener ganas de salir a la calle a bailar y cantar. Así que por ese sentimiento glorioso, a energetizar el cuerpo!


Bonita semana para todos!




(PD. Sí, la canción del post es real. Yo también pensaba que era leyenda urbana, pero miren nomás! Apareció en YouTube!).