30 de mayo de 2011

Las Cosas Sencillas


Antes que nada, pido una disculpa por no postear la semana pasada, pero en mi cabeza sólo cabía un pensamiento:


Y bueno, como supuse que no a todo mundo le iba a gustar leer un post entero dedicado a la alegría que tuve en mi alma y al regocijo de mi ser, opté por esperar a que pasara el furor y me llegará la inspiración sobre otra cosa.

Pero irónicamente, fue de este mismo tema de donde me vino la idea para mi post. Y es que, al igual que mucha gente, el domingo pasado, mientras experimentaba el nervio de ver a mis Pumas jugar la final y después la felicidad de que ganaran, escribí twits y posts en Facebook llenos de emoción, que lamentablemente no fueron tan bien recibidos por algunas personas del respetable. No faltó quien opinó que estaba de flojera que la gente se emocionara por un partido de futbol; también hubo comentarios acerca de lo ridículo que es que, aunque haya 3,000 desgracias en el mundo, hubiera personas que le dedicáramos nuestra atención a este juego. Los que dicen que la liga mexicana es un bodrio (y no digo que no lo sea), y que festejar que un equipo fuera campeón de la misma era un horror. Bueno, la lapidación total.

Pues mi humilde opinión es la siguiente: ¡me vale! Obviamente en el mundo pasan cosas horribles, ¿quién no lo sabe?. En nuestro propio país reina el caos. Sólo hace falta prender la tele o leer un periódico para enterarse de las tragedias que hay por todo el planeta y que a veces llevan a pensar que neta, este rollo sí se acaba en 2012. Ya había comentado antes que tengo una compulsión por la información. TENGO que saber lo que está pasando, en todos lados, todo el tiempo. Así que a mí nadie me cuenta ni me viene a platicar. Y es por esto mismo, por lo consciente que estoy de lo que pasa en el mundo, que me da gusto que todavía me alegren las cosas sencillas, pequeñas, banales, que pasan en la vida. Como por ejemplo, que al equipo al que apoyo desde que nací, desde que tengo memoria, desde que mi papá me llevaba al estadio y aprendí a gritar un goya, gane la final. Aunque la liga sea una caca, es mi equipo y es campeón, carambas.

Me emocionan mucho las flores bonitas y ver un colibrí volar en esta ciudad llena de contaminación y de trampas mortales para estos pajaritos. Disfruto cambiar la estación en el radio y cachar una canción que me guste desde el comienzo. Literalmente he aplaudido en el coche cuando eso pasa. Amo llegar a mi casa y que Figo me salude y se tire de panza y me besuqué la cara. Me hace olvidar el tráfico y las cosas feas que pudieron haber pasado durante el día.

Me encanta ese primer trago que le das a una Coca helada y que hace que hasta los ojos lloren. Y ni hablar de entrarle a ese postre para el que guardé un huequito en la comida. ¿Y saben qué? Si de pura casualidad me toca ver un arcoiris, puedo hasta llorar.

Así que, si en medio de todo lo malo que pasa, de las tragedias, las broncas, la rutina, se me da la gana llenar mi TL o mi wall de Facebook con comentarios de alegría por mis Pumas, estoy en mi derecho. Si les agrada, lo compartiremos, si no, considero que hay aprender a ser más ligeros, ignorar lo que no les interese o simplemente darle block a los comentarios. Pero por favor, ¡STOP BITCHING!

Bueno, ahora sí. Una vez habiendo sacado esto de mi pecho, le doy paso a la buena vibra y les dejo una canción linda para que se endulcen la semana. Por favor, escuchen, pongan atención. Las Pequeñas Cosas son importantes, ¡hay que estar atentos!


¡Gracias a todos por leer!

16 de mayo de 2011

¿10 cosas que odio de mí?

Hay un programa en Discovery H&H que se llama "10 cosas que odio de mí". Bueno, 10 es un número muy grande y la palabra "odio" es muy extrema... Lo vamos a dejar en "Mis 5 áreas de oportunidad". Aquí van.

1. Soy incapaz de levantarme a la primera.
Vaya, ni para salir de vacaciones. Sencillamente no hay modo de que suene el despertador y yo brinque de la cama. Y no importa si dormí 1 ó 15 horas, el tema no es de sueño. Es algo en mi cerebro que reclama los 5 minutos extra, (que, como ya había comentado antes, jamás son sólo 5). Es algo en mi cabeza que dice "¡no  importa! apaga el ruidito molesto, date la vuelta y sigue dormida". Esto ha hecho que tenga que poner 3 diferentes alarmas, la primera de ellas suena media hora antes de que deba levantarme, la segunda unos 15 minutos antes, y la tercera es de ya, ahorita. Bueno, las 3 sirven absolutamente para nada. Igual apago las 3, igual me regreso a dormir. Lo único que hice fue cortar mi sueño, mal dormir media hora, quedarme jetona por vayan ustedes a saber cuánto tiempo más y salir corriendo, tarde. ¿Acaso necesitaré un gallo cantando en mi ventana?

2. Desadministro mi dinero.
Tengo ya varios años ganando y gastando mi propia lana y todavía no le agarro la onda al tema de la administración personal. Y ni siquiera es un problema de compras compulsivas o inconscientes, en realidad no soy manirrota y creo que eso me ha salvado. Lo que sucede es que soy extremadamente mal administrada. Jamás tengo idea de cuánto dinero saqué del cajero, gasté en gasolina, pagué en la tiendita... En resumen, compro y pago y jamás supe qué pasó en medio. Lo que realmente me desespera de esto es que, por no tener disciplina monetaria, el asunto del ahorro queda en el triste olvido. Si no fuera por mi AFORE, mi ahorro ascendería a cero pesos. Seamos sinceros, nadie quiere trabajar para siempre y vivir pagando meses sin intereses hasta el infinito. Es por eso que quiero, necesito y me urge disciplinarme con los dineros y meterle orden a mi cartera.

3. Fashion sense, ¿dónde estás?
Probablemente esta es el área de oportunidad que más me frustra. O sea, tampoco es que como que haya llegado vestida de cisne a una fiesta (Björk-style), pero siento que mi onda es la no-onda. Creo que todo empieza porque no soy muy fijada en lo que visten otras personas de mi entorno, no acostumbro pasearme por tiendas nada mas porque sí y tampoco compro revistas de tendencias y diseñadores. Pero me sucede bastante seguido que, cuando me gusta algo que trae puesto alguien más, pienso "se le ve padrísimo, pero si yo lo hubiera visto en una tienda, no lo hubiera comprado". Es tristísimo. A veces creo que perdí el estilo por mis subidillas y bajadas de peso, porque no conservar una talla me complica conocer mi cuerpo y saber qué me queda y que no. Y además está el típico caso de "iba con una idea en mente y cuando llegué a la tienda, nada me gustó", y acabo comprando lo que me disgusta menos en lugar de lo que buscaba o lo que quede mejor. Total que creo que necesito desesperadamente alguien que me agarre de la mano y me diga "mira mijita, esto te queda bien, este es el corte que necesitas, ponte estos colores y ¡se feliz!" ¿Alguien se ofrece? ... ¿Por favoooor?

4. Alto? Latte? Light? Frío o caliente? Aaaaa!
Para mí, el infierno es un lugar donde tienes que tomar decisiones rápidas entre 543 opciones. Un lugar muy parecido a cualquier Starbucks o zapatería con más de 3 modelos de tacones del color que busco. Soy MUY indecisa. Cando hay muchas opciones como que me bloqueo, me presiono, se me olvida lo que buscaba originalmente, ya no sé si quiero ese color, ese tamaño o ese sabor... pfff. Después de algunos minutos de aturdimiento, acabo pidiendo algo que en el mejor de los casos me deja satisfecha, y en el peor, no tiene nada que ver con lo que estaba buscando. Me considero una persona con bastante claridad en mi cabecita y me re-choca no ser capaz de escoger un café o una blusa sin hiperventilarme y terminar pensando que esa no era la mejor opción. Necesito corregir esto, cuanto antes.

5. ¿Me lo pone para llevar?
Puedo dejar de comer frutas, verduras, carnes y leguminosas, pero jamás podría dejar de comer postre. No importa si ya estoy llena. No importa si tengo que dejar de comer algo más nutritivo para hacer espacio. No importa caer en el pecado de la gula. Importa que si no como postre siento que no comí. Obviamente esta no es la mejor estrategia cuida kilos que puede haber. Es deliciosa para el paladar, pero de prevenir la lonja, nada. El punto tampoco es dejar de comer mermeladita, chocolate y pan dulce de golpe, sino que me urge aprender a comer snacks dulces más saludables o postres menos calóricos (tipo gelatina en lugar de pastel tres leches). Y por el amor del cielo, no me vayan a decir que coma fruta. La fruta es fruta, ¡NO ES POSTRE!

Pues ahí están, 5 clarísimas áreas de oportunidad que tengo que atender cuanto antes. Pero por lo pronto, los dejo con una canción tributo a la glotonería que tenemos quienes gustamos del postre. Feliz semana!

4 de mayo de 2011

Los cuentos de hadas sí existen (Basado en una historia real)

Sucedió hace unos añitos ya. Forzosamente tenía que pasar más de una vez al día por su lugar porque me quedaba de camino a la impresora. La mera verdad, me gustó desde la primera vez que lo vi. Me pareció un muchachito muy serio y muy guapo. Y siempre traía unas camisas muy bonitas.

Con el paso de los días, noté claramente que este hombre se me empezaba a volver una verdadera obsesión. Me desesperaba tenerlo tan cerca y tan lejos, porque a pesar de que lo veía prácticamente todos los días, en realidad no había una razón válida por la cual hablarle. No lo conocía, no trabaja con él, no había tema que nos uniera. Como no sabía su nombre, fue bautizado con un apodo (que no diré porque no le gusta), y así me referí a él por mucho tiempo, pero todo fue mas bonito cuando averigüé cómo se llamaba, y más porque su nombre me gustó.

Ya sé que lo más sencillo hubiera sido detenerme un día y decirle "hola, mucho gusto", pero me era inconcebible. Algo muy extraño, porque siempre he sido una persona abierta, extrovertida y no tengo conflicto alguno para conocer gente nueva. Pero este caso era distinto. Este muchacho era como la criptonita para mi superpoder socializador. Y el caso se iba poniendo grave. Cada ida a la impresora era más compleja: me sudaban las manos, me temblaban las rodillas, y como sentía que se me congelaba la cara, ni sonreír podía. Nada más de pasar por esa esquina donde se sentaba, y que invariablemente olía a su loción, se me salía de ritmo el corazón. Yo era algo así como una quinceañera enamorada. La cosa es que ya me pasaba de esas por unos 12 añitos y a mi edad, esto ya era algo muy ridículo, ¡lo acepto!

Para no hacerles el cuento largo, después de otros bonitos episodios de pena, parálisis y casi hiperventilación, decidí ponerme en el mapa y di un primer paso. Me hubiera gustado darlo con más estilo, porque lo hice mediante un osazo, pero esa es otra historia. El punto es que, después de conocerlo, recobré mi habitual facilidad de palabra y se me bajó el stress. Dejó de ser una obsesión y pasó a ser un compañero de trabajo que me caía muy bien. Y claro, que seguía estando muy guapetón.

Meses después y por coincidencias de esta vida, acordamos salir de pachanga, mas bien en plan de amigos, pero ese fue el principio de una relación que va para 3 años. Sé que ninguno de los dos estábamos buscando esto en el camino, pero hicimos click, nuestras personalidades se ajustaron y creo firmemente que miramos para el mismo lado. Desde ese día y hasta la fecha no nos hemos vuelto a separar. Así pasan las cosas. Se me hizo realidad mi príncipe azul.

Todas las mañanas, desde hace año y medio, despierto junto a él en el hogar que compartimos y en mi corazón agradezco tantas bendiciones. Pienso en todas las cosas que hemos construido juntos y en los planes que nos faltan y me emociono mucho porque sé que trabajamos todos los días por mantenernos felices, estables y juntos. Y los problemas que por ahí andan, los afrontamos como lo que son, ¡tonterías prácticamente todas las veces!

Así que, que no les digan, que no les cuenten... Cuando uno menos se lo espera, te cae un regalo de la vida para demostrarte que soñar y echar suspiritos todavía vale la pena. Se los digo porque, hasta este día, puedo asegurar que mi particular cuanto de hadas sigue prolongando la parte de "y vivieron felices para siempre".

Les deseo una amorosa semana.