27 de junio de 2011

Sabiduría de ama de casa

Ufff, ¡que semanas! He tenido muchísimo trabajo, y si a eso le sumamos que ya empezaron las lluvias triplicadoras de tráfico, el blog sufrió un muy doloroso abandono de 3 semanas. Pero, I'm back!

El tema de esta semana lo decidí hace unos 4 días. Sonó el despertador a las 6:30. Como muchas veces lo he contado, lo apagué y me dormí de nuevo. Volvió a sonar 10 minutos después, abrí el ojo, lo apagué por segunda vez y entonces sucedió. Mi mirada se desvió y ante mis ojos estaba... el bote de la ropa sucia (¡cha chaaaaan!). Ese bote maldito que, lleno al tope, me recordó que traía pendiente esa labor de ama de casa.

Tomé las riendas de este hogar hace 1 año 8 meses. Bueno, es relativo... Desde un principio, el novio y yo decidimos dividirnos las responsabilidades domésticas y, hasta ahora, ha funcionado perfecto. Sin embargo, creo que para ambos ha sido un proceso de aprendizaje. Así que, escribo esto para aquellos que me leen y no han tenido la tarea y el privilegio de llevar una casa.

Cuando me mudé con el maridovio, traía mentalidad "Martha Stewart". O sea, quería ser el ama de casa perfecta. Ser la reina de la decoración, la manualidad, las flores, los condimentos y la marinada. Por esa razón, en el primer super que hicimos en pareja me dí vuelo comprando verduras al por mayor, carne, pollo, puerco, sopas de pasta, ingredientes varios... Bueno, hagan de cuenta que en lugar de casa, era fonda con servicio para 75 comidas corridas. Pero olvidé un pequeño detalle: soy una mujer que trabaja. Y además, en aquel entonces, vivíamos allá por donde el viento da vuelta. Entonces, de eso de tener tiempo para cocinar, pues nada. Y en los momentos libres que tenía, muy honestamente, no me daban ganas ni de pelar un ejote. Obvio, medio super se fue a la basura, y fue tanto mi coraje y tanta mi culpa que decidí ser realista y comprender que ni queriendo iba a poder hacer mole de olla, croquetas de carne, caldo de pollo y chuletas con puré, todo en la misma semana. Ahora mis compras son mucho más prácticas y hasta económicas y los desperdicios son mínimos.

Otro aprendizaje, aunque suene obvio y cliché y demás, es que es básico negociar. En esto de la cohabitación no hay de que "por mis pistolas". Obvio, la base de las negociaciones es el amor, mis amigos, y las ganas de que los acuerdos funcionen para las dos partes. Resulta que Poncho es muy rápido y práctico en la cocinada y odia lavar trastes, y yo tardo más en cocinar y no tengo broncas con la lavadera. El acuerdo fue claro, el novio cocina y yo lavo. No importa si se ensucian 324 sartenes. Yo sé que el novio se encarga de nuestra alimentación y él sabe que cuando terminemos de comer, la cocina va a quedar como nueva. Es un acuerdo justo. Otro ejemplo, yo no sé planchar y a él le da flojera que la lavadora está en la azotea. Entonces, yo me encargo de que nuestra ropa esté limpia y él de que vayamos sin arrugas a trabajar.

Importante: los acuerdos son compromisos. Nada de que el otro cocinó, yo comí y los trastes se quedaron sucios 3 días. Respetar los compromisos es un acto de amor, que le demuestran a la otra persona que nos importa y que queremos vivir tranquilos y felices. Obviamente, hay veces que las cosas se complican, como ese día que el bote de la ropa sucia estaba lleno al tope, pero el punto es que, en el caso de Alfonso y mío, el que la casa funcione, es un compromiso que asumimos los dos, como equipo.

3er aprendizaje: la lana SÍ importa. Repito, SÍ importa. Es vital tener este tema platicado mucho, mucho, muuucho antes de dormir bajo el mismo techo. No importa el esquema que deseen adoptar (las opciones son muchísimas), es básico que ambas partes estén de acuerdo, y nuevamente, que se comprometan. Obviamente nada está firmado con sangre y si en el camino hay que hacer ajustes, se deben platicar y alinear claramente, antes de hacer cualquier cambio. Otra vez, partimos del punto de que la base de todo esto es el amor y la tranquilidad mutua. El novio y yo platicamos esto, lo hemos ajustado y como equipo, si alguno le falla o necesita algo,  se reorganiza la cosa. Por favor, no dejen que un tema que es tan frío (cuánto tenemos y para qué nos alcanza), sea un divisor. La lana es para disfrutarla y construir cosas juntos, no para acapararla, tener caja chica a escondidas o despilfarrarla en tonterías.

Bueno, pues para lo que pueda servirles, esas son algunas cosas que he aprendido en este tiempo. La verdad, el viaje de vivir en pareja puede ser maravilloso o una pesadilla, todo depende de cómo se trabaje. Entonces, ¡trabajemos para que sea una experiencia hermosa! Les dejo una cancioncita romanticona de Juan Luis Guerra y como siempre, les deseo bonita semana!

7 de junio de 2011

El color de mi nombre

Recuerdo que hace algunos añitos, platicando en la cafetería de la escuela con varios cuates, una amiga tomó la palabra y dijo: “Cuando pienso en mi nombre, en mi cabeza lo veo de color lila. ¿Ustedes no ven su nombre de colores?”. Obviamente nos atacamos de risa y le aconsejamos que abandonara el poder destructivo de las drogas. Y le tiramos carrilla por días.

Pero debo confesar que, en lo profundo de mi ser, me quedé pensando en su pregunta. ¿Acaso yo veía mi nombre de algún color? Lo medité por días y nada, puro blanco y negro. No sé cuándo me llegó la respuesta, pero un día cerré mis ojos y vi mi nombre color rojo.
Laura
De verdad, de verdad, no creo estar para nada loca. A lo mejor la pregunta de mi amiga abrió un candado en mi cabeza o algo, pero desde entonces hay muchas palabras que imagino en mi mente con un color asignado.

Por ejemplo, la palabra "pastel" siempre es de color rosa, supongo que por asociación con el betún clásico merengoso. Y una parte de mí culpa a César Costa  porque "sweater" sea una palabra amarilla. "Botana" no sólo es color naranja, sino que tiene la textura de un churrumais. La palabra "vaso" es roja y estoy segura de que es por el típico vaso rojo (de capacidad ideal para una cuba) que se usa en las fiestas. Y otra que tengo ubicadísima con el color verde es "México", creo que no hace falta explicar las razones.

Seguro hay más palabrillas por ahí, pero no pretendo hacer una listota. Mejor les recomiendo, como ejercicio creativo y hasta de relajación, que piensen palabras al azar y las vean en su mente. En una de esas descubren colorines por ahí. Aunque no lo crean, es muy divertido (y seguro algún psicólogo diría que también es muy revelador).

¡Espero que tengan excelente semana! Como siempre, les dejo una colorida canción y por aquí andamos para lo que me quieran compartir. ¡Gracias!


¡Oigan, por cierto! Cabe mencionar que algunos años después, supe que hay una cosa muy rara que le pasa a pocas personas en el mundo y que se llama "Sinestesia". Esto consiste, en palabras simples, en que hay individuos que pueden llegar a oír colores, ver sonidos o asignar un sabor a una determinada textura. Ya sé que suena a película churrera gringa, pero es real. Algo pasa químicamente en su cerebro y se les cruzan dos o más sentidos. Dudo mucho que sea mi caso, pero me pareció un dato interesante. Ahora sí, bonita semana.