27 de agosto de 2013

Ser de colores

Todos, sin excepción, estamos sometidos a presiones de varios tipos. De dinero, trabajo, familiares, una que otra enfermedad, el tráfico... Usted póngale el nombre que quiera y mande. Esto muchas veces sirve de pretexto para amargarse. Digamos que uno tiene justificación para decir "ando nefasteado porque no me alcanza para pagar las tarjetas", "estoy de malas porque traigo presión en el trabajo", "estoy agotada porque paso hoooras aplastada en el coche"; (esta última frase fue mi especialidad por mucho tiempo).

Y en este contexto, que difícil resulta mantener la calma y la buena actitud. Ya sé que somos fans de gritarle al mundo lo felices que somos, la buena cara que le ponemos a los lunes, lo mucho que los problemas nos han enseñado y hecho crecer. Los grandes avances que hemos hecho con el desapego y otros temas. Pero, ¿es todo esto cierto? No puedo probarlo, pero intuyo que en gran medida, no. Es mentira. Somos más recelosos, procrastinadores y apegados que lo queremos aceptar. Y nada de "vive y deja vivir". Somos metichones y criticones. Más de lo que deberíamos.

Y en eso se basa esta idea de "ser de colores". Ser de colores es, a pesar de todo, conservar la calma. Es no juzgar, no criticar y no suponer que se pueden evaluar las vidas ajenas. Ser de colores es mejor pintar tu raya si algo o alguien ya no acomoda en tu vida, pero no ser destructivo. Es medir con el principio de "Esto que voy a opinar ¿es útil? ¿Es provechoso? ¿Hace el bien?" Y si la respuesta es NO, mejor me lo quedo. Ser de colores es tirar buena onda, pues. Es que cuando estés con la gente, seas fuente de tranquilidad y confort.

Pero ¡aguas! Tampoco se trata de unirse al club de los optimistas y ser súper feliz, súper optimista, súper empático, súper aliviando y que todo se les resbale. Eso no es humano. Pero de ahí a traer amargue permanente, hay diferencia.

Yo conozco a alguien que es de colores. Hace que estar con ella, aunque sea de vez en cuando, te haga sentir bien. Habla de sus planes y su energía es contagiosa. Habla de sus problemas y, aunque le angustien, uno sabe y puede sentir que los va a resolver, porque no se ahoga en vasos de agua. Eso es ser de colores.

Sé que lograr ser de colores es un proceso que debe tomarse paso a paso. Primero eres blanco y negro, o escala de grises. Luego, un día, descubres que pasar horas en el tráfico se hace más leve si escuchas música bailable ¡y bailas! Tipo YMCA o El tiburón. Aunque los demás conductores te vean con cara de que estás lurias. Convéncete de que seguro lo hacen porque tienen envidia. Porque tú gozas dónde ellos sufren. Y así, ya  te sumaste un poquito de azul. Y otro día cambias el "cocinar es de flojera" por "esta receta nueva es para consentir al amorcito" y disfrutas probando sabores e imaginando el plato presentado hermoso y la cara del amorcito sorprendido y feliz ¡porque esta noche no cenará los mismos Corn Flakes de siempre! Ya le pusiste rojo a tu personita. Y otro día piensas "odio pagar impuestos, mejor me evito ponerme de malas y busco una causa, organización o fundación que los aproveche mejor", ¡y los donas! Eso, de menos, amerita un shot de tres colores: ¡verde, amarillo y naranja en combo!

¿Me explico? Así dejas de esparcir blanco y negro cuando estás con más gente, porque lo que tienes que contar y compartir es de colores. ¡Está precioso! La misión, si decidimos aceptarla, es dejar de andar a grises y meterle a todo el Pantone. Yo sí le entro. ¿Y ustedes?

La canción del blog es un clásico de ever and ever e ilustra perfecto mi punto.

¡Gracias por pasearse por este espacio! Nos leemos pronto.

1 comentario:

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