17 de diciembre de 2013

Escribo todo el tiempo

Ya sé que van a pensar: "si escribes todo el tiempo, ¡por qué posteas cada mil años!" Es correcto, quisiera postear mucho más seguido, pero sí, escribo todo el tiempo.

A veces lo hago en papel, pero ya casi no. De niña tenía un diario. De hecho, tuve varios. Llené cuadernos con los sucesos de mi vida que, siendo una chavita bien portada, de buenas calificaciones y cero conflictiva, tampoco es como que hayan sido tan interesantes. Ya luego se puso más padre, por ahí de la prepa. Releer esos diarios me gusta; es como ver el guión de mi propia película. Es chistoso porque leo los problemones que tenía en esos años y cómo es que fui encontrando las soluciones y, hasta cierto punto, veo cómo es que maduré (música de violines y ojo remi). También leo los errores que cometí, las decisiones que tomé y no debí haber tomado, y pienso "ay Laura, si hubieras sabido lo que iba a pasar...". Como sí quisiera regresar y decirme "no le dediques tanto tiempo a esta relación", "Sí! Sí deberías irte a ese intercambio! Busca la forma!" o "Aunque pienses que esta situación no te va a doler, la verdad es que vas a salir raspada". Supongo que las mismas cosas que le pasan a todos, sucede yo tengo testimonio escrito.

Otras veces escribo en mi computadora. Esos trabajos son los que posteo en mi blog. Cuando lo abrí pensé más bien en un registro de los cambios que pasaban por mi vida (por eso se llama Control de Cambios). Sentía como si tuviera que documentar eso que pasaba, más para mí que para otros. Total que, como siempre, los escritores piensan que sus trabajos van por un lado y acaban yendo por otro. Ahora el blog es un espacio muy libre donde escribo lo que quiero y los invito a que lo lean. Pero también me ha servido para plantearme un futuro más o menos serio como escritora.  No sé si me de para escribir un libro, porque ahora que trabajo en una editorial entiendo que no son enchiladas, pero sí debe de haber una forma de escribir colaboraciones. Que cosa tan bonita eso de que escribas, a otros les guste y tú ganes lana.

También escribo en mi mente. Literalmente escribo. Trazó las letras y formo palabras y frases. En mi cabeza veo un espacio en blanco y escribo, no sé si me esté explicando... Escribo porque lo necesito, es como una catársis. Escribo porque muchas veces me entiendo mejor a mi misma en letras que en sonido. Hablo conmigo misma, pero me escribo mucho más. Me escribo en las noches, antes de dormir, manejando, en la regadera, cuando cocino. Es raro, porque normalmente en mi casa está prendida la TV y en el coche el radio, pero es incontrolable. No es como que me diga "a ver: mente en blanco, pluma imaginaria, ¡a escribir!" No; es una cosa que pasa, como cuando empiezas a cantar una canción que no sabes de dónde agarraste. 

Escribo para darme estructura. Mi mente es un lugar medio ruidoso a veces. Las letras que forman palabras y después frases me ayudan a poner orden. Me gusta pensar cómo escribiría en cartas las cosas que me pasan para después mandárselas a las personas que tengo lejos. Yo creo que eso es nostalgia, porque ya nadie escribe cartas. Yo escribí muchas para mis amigas, amigos y para los pretensos. Incluso tuve un pen-pal de Malasia hace muchos años... Eso seguro ya ni se usa. Es más, no creo ser capaz de escribir algo más largo que la lista del súper sin que se me engarroten los dedos. Que mal.

Va a sonar a lo más cursi de la historia, pero escribir, como lo hago ahora, es una fiesta. Darme el tiempo de ponerme en paz y redactar algo que les guste, que los haga reír, recordar, reflexionar... es un placer muy grande. Aprovecho este momento para agradecerles una vez más que pasen por este espacio y que me lean. 

En fin que, como les decía, escribo todo el tiempo.

Los dejo con la canción del post, una muy epistolar. ¡Nos leemos pronto!


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